• Tan sólo en lo que va del año
Un Cristo de cuatro metros de longitud, la zona del Santísimo, dos bancas, portón, imágenes y vidrios rotos fueron dañados
La arquidiócesis de Tulancingo informó recientemente, a través de un comunicado de prensa, que el templo de Zacualpan fue víctima de un atentado, por segunda vez en lo que del año, lo cual calificaron como “acto de odio contra la iglesia”.
Aunque dicho templo en honor a San José se encuentra en Veracruz, pertenece a la Arquidiócesis de Tulancingo; por lo cual se denunció el hecho ante la autoridad correspondiente.
El comunicado menciona que el pasado 16 de febrero, manos vandálicas prendieron fuego a esta parroquia, específicamente la zona donde se resguardaba el Santísimo y un salón que fue consumido por las llamas, y seis meses después, reincidió el hecho.
Así lo confirmó el presbítero José Juan Conde González, “se trata del segundo ataque de odio contra la iglesia, porque no fue robo, no fue asalto, no fue un ataque contra mí, fue contra la estructura del templo; le fue prendido fuego al Cristo y volvieron a incendiar la zona donde se encuentra el Sagrario; quisieron incendiar la totalidad de bancas, el portón”.
Descartó que se trate de robo al arte sacro: “lo que se podían robar todo está en su lugar”.
Dijo que ya dio parte a las autoridades, inclusive fue citado por la Fiscalía correspondiente, pero no hay pistas del presunto responsable o los presuntos responsables del hecho que mantiene en alerta a la comunidad católica de esta zona de Hidalgo.
“Tampoco hay mensajes, anónimos, algo que pueda darnos pistas o algo más que nos lleve a la explicación del ataque”, agregó.
Sin embargo, el padre Juan Conde enfatizó en calificar como “hecho de odio” a lo sucedido el pasado martes 27 de agosto, alrededor de las 2:00 horas, porque en ambos casos se ha ido directamente contra el Santísimo; aunque el Sagrario no sufrió daños y las hostias permanecen intactas, pero la zona de mayor daño es justo donde permanece.
Agregó que él se encontraba de visita a sus padres fuera de Zacualpan, “las mismas personas de la comunidad se percataron de la gran cantidad de humo que salía de templo, y se organizaron para sofocar el fuego.
Entre los daños registrados destacan a detalle: un Cristo de cuatro metros de longitud, la zona del Santísimo, un par de bancas, imágenes y vidrios rotos; un daño no tan grande como el de febrero pasado, pero sí considerable, según lo descrito por el párroco.