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RETRATOS HABLADOS

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    •    No, AMLO no es Trump, ¡ni Dios lo quiera!


Comparar a Donald Trump con Andrés Manuel López Obrador por los exabruptos que tienen con los representantes de los medios de comunicación es tarea malsana. Uno, el de Estados Unidos, es un verdadero espécimen de la estupidez y la rapacería humana, el otro de ninguna manera. Lo avala una lucha de años y años por alcanzar un sueño, un ideal que la justicia para todos los habitantes del país.
    Por supuesto no está exento de errores muy graves, de diferencias palpables con medios informativos a los que incluso ha llegado a amenazar con cerrarle la llave de la publicidad, a la par que una turba de seguidores en redes sociales, gustan de linchar a quien se atreve a criticarlo.
    Y no, de ninguna manera las redes pueden ser calificadas de benditas, porque ni informan, y tampoco forman opinión de manera seria. Confiar ciegamente en estos nuevos espacios, es condenarse a la ignorancia de lo que verdaderamente sucede en el país.
    Hay de todo también en la prensa impresa, la de los periódicos de carne y hueso, es decir de papel y tinta. Los que a toda costa lo comparan con Trump, los que confían plenamente en que su asunción al poder el 1 de diciembre hará que todo cambie en México, y los que esperan con paciencia los hechos duros y concretos.
    La gran diferencia es que todos dan la cara con su nombre y firma, incluso con su fotografía, y pueden ser odiados sin duda alguna, reconocidos, alabados o ignorados, pero siempre se sabrá quién es la persona. Vaya pues, se tendrá la certeza de que existe. Lo que por supuesto no pasa en las redes sociales.
    López Obrador representa sin duda alguna, la última esperanza de los mexicanos de que la dramática realidad que viven cambie, sino del todo, por lo menos que presenciemos el principio del fin en que los hombres con poder económico también se habían hecho del poder político. Y eso no pude seguir así, no debe seguir así, porque al político, al que se precie de serlo en serio, lo alienta un interés mayor que el de los dineros.
    El poder político debe caminar por un lado, y el económico por otro. Es un principio básico para que los más desfavorecidos en toda sociedad, cuando menos alcancen a mirar que existe una posibilidad de que la miseria no se herede hasta el infinito… y más allá.
    Ambos conviven de un modo u otro, pero ninguno intenta invadir el área del otro, salvo que la corrupción invada al primero para que todo se convierta en un desastre.
    Donald Trump es el ejemplo típico del empresario exitoso, multimillonario, miserable en todos sentidos, pero que de pronto interesó al electorado cansado de los políticos. Lo que hoy viven es una pesadilla que deberá terminar en poco tiempo, porque los amos de la economía convertidos en Presidentes son eso, una pesadilla, un sueño de horror.
    Es necesario esperar. Sí, la ansiedad por tomar el poder llevó a AMLO a desplazar sin ningún gesto de cortesía a quien todavía es Presidente de la República, a tomar decisiones sin ningún peso legal real. Pero para algunos era necesario.
    Pero hay que esperar.
    A partir del 1 de diciembre López Obrador cargará con todo lo bueno, pero también lo malo que se presente en su gobierno. Dueño absoluto de las Cámaras de representantes populares, no podrá culpar a nadie si los errores cometidos cuando en términos reales no surten efectos, se repiten ya su sexenio en marcha.
    Hay mucho qué esperar del futuro Presidente de la República. Hidalgo espera mucho, como que en una de esas decida apoyar una obra de grandes magnitudes que devuelve un poco de lo mucho que se han llevado de estas tierras.
    Asunto de esperar. Ya falta poco.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.
jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico
@JavierEPeralta

CITA:
López Obrador representa sin duda alguna, la última esperanza de los mexicanos de que la dramática realidad que viven cambie, sino del todo, por lo menos que presenciemos el principio del fin en que los hombres con poder económico también se habían hecho del poder político. Y eso no pude seguir así, no debe seguir así, porque al político, al que se precie de serlo en serio, lo alienta un interés mayor que el de los dineros.