• Gerardo Sosa, asuntos de la edad
La noticia nueva no es que Gerardo Sosa Castelán rete abiertamente y en plena plaza pública al gobernador en turno, en este caso Omar Fayad Meneses, sino que esta estrategia le haya funcionado durante tanto tiempo y con tan diversos personajes de la política, que casi le han hecho creer que ninguno se atreverá en términos reales a tocar su feudo, que es la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
La serie de descalificaciones de la actual administración estatal, que mandó decir a través de su hermano Damián y SU partido político recién adquirido en modalidad de franquicia, responden a una estrategia que una y otra vez le ha funcionado, luego de colocar a un rector cercano al mandatario estatal, pero que en todo momento responde al mando supremo que encarna el Presidente Universitario.
Bajo el entendido que para el sistema resulta la opción única para ejercer un control casi dictatorial en la institución educativa, y que caso contrario convertiría a la UAEH en una cuna de conflictos y generador de radicalismos, Sosa Castelán, Gerardo, ha estirado sexenio a sexenio la liga de las negociaciones para dejar muy en claro que puede romperla cuando así lo desee, y pese a todo nadie lo tocará en su pequeño imperio de poder.
Abiertamente peleó en contra del Revolucionario Institucional, partido del que nadie ha osado expulsarlo, con todo y que no ha habido oposición más fuerte y radical para el mismo que el sempiterno propietario de la universidad hidalguense.
Luego de diez meses del gobierno de Omar Fayad Meneses, y justo cuando acaba de presentarse la estrategia de seguridad más ambiciosa para la entidad de que se tenga memoria, a la par de que se anuncia que la meta de atraer inversiones durante el primer año de gobierno se ha superado, decidió enviar a su hermano a decir que no, que nada se ha hecho y que además era falso que existieran proyectos. Vaya pues, que para la voz única de la universidad todo va mal.
La respuesta ha sido contundente, y usted puede leerla en esta edición.
Omar Fayad no es un político aldeano, mucho menos con cargos en su expediente como subalterno del Presidente del Patronato Universitario. Lejos de ello tiene una carrera política más amplia y que incluye haber sido Senador de la República, cargo que obsesionó durante años y años a Sosa Castelán, quien acusó una y cien veces al ex gobernador Murillo Karam, de no haberle cumplido cuando le prometió esa posibilidad.
Otra es la realidad, y eso puede marcar una gran diferencia.
El líder del Grupo Universidad lo sabe sin duda alguna, porque tampoco es un aficionado de la política. Pero el tiempo, los años que no lo sitúan como el joven que fue cuando se enfrentó a otros ex mandatarios, podrían marcar la diferencia.
Es muy posible que haya cometido un gravísimo error de cálculo, porque a sus 62 años cumplidos el pasado 26 de julio, sabe que no es lo mismo enfrentar a un gobernante que el próximo 26 del presente mes cumplirá 55, a lo que se agrega una trayectoria que ha incluido de manera constante el escenario nacional.
Se antoja un primer encuentro en que la idea de “calar” al jefe del ejecutivo estatal como siempre lo ha hecho, pudiera ser contraproducente. Por vez primera vez tendrá que evaluar en términos reales si acepta o no la serenidad de gobernar un imperio particular, adentro de la UAEH, o comete la primera imprudencia real que solo la edad propicia: creer que puede hacer y ordenar todo sin consecuencias.
El hombre es él y sus circunstancias, decía el filósofo español, y las circunstancias son diametralmente opuestas a las que en algún tiempo le hicieron creer que era invencible.
Mil gracias, hasta mañana.
jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico
@JavierEPeralta
CITA:
Omar Fayad no es un político aldeano, mucho menos con cargos en su expediente como subalterno del Presidente del Patronato Universitario. Lejos de ello tiene una carrera política más amplia y que incluye haber sido Senador de la República, cargo que obsesionó durante años y años a Sosa Castelán, quien acusó una y cien veces al ex gobernador Murillo Karam, de no haberle cumplido cuando le prometió esa posibilidad.