Home Orbe Renace el viejo fantasma de la amenaza suicida  

Renace el viejo fantasma de la amenaza suicida  

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WASHINGTON, EU.‑ Cuando el presidente George W. Bush ordenó en 2001 la revisión de los protocolos de seguridad, para evitar el secuestro de aviones como los utilizados en los atentados terroristas del 11 de septiembre de ese año, los expertos de aviación se dieron a la tarea de fortificar las cabinas de los pilotos con sistemas de blindaje y bloqueo que hoy hacen imposible la irrupción de un terrorista en ellas.

 

Sin embargo, durante el continuo reforzamiento de la seguridad, no se consideró la amenaza de suicidas como Andreas Lubitz, el copiloto que, según los investigadores, estrelló el avión alemán sobre los Alpes suizos. Tras esta tragedia, la mayoría de las aerolíneas de Estados Unidos y Europa modificaron sus normas de seguridad para evitar que cientos de vidas queden a merced de una sola persona.

La mayoría de las líneas aéreas seguirán las mismas medidas que estableció la Agencia de Aviación Federal (FAA) para las compañías de EU, donde un miembro de la tripulación siempre ocupa el lugar vacante del piloto o del copiloto cuando éstos abandonan la cabina durante un vuelo.

“Además es preciso no sólo introducir la figura obligatoria de una tercera persona en la cabina, sino robustecer los sistemas de control y supervisión física y mental de los pilotos”, dijo Ewan Wilson, experto en seguridad aérea.

En medio de un intenso debate, algunos miembros de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) revivieron una vieja propuesta de instalar cámaras de video en las cabinas y monitorear en todo momento a la tripulación. Confían evitar así tragedias como la provocada por Lubitz, cuya acción suicida demostró que no existe un sistema perfecto de seguridad.

Sin embargo, esta propuesta encuentra la férrea resistencia de los pilotos que no sólo la consideran como una invasión a su privacidad, sino como una medida que no resolverá nada. “Lo que una cámara capta puede ser interpretado de distintas formas. Puede convertirse en un elemento de valoración muy subjetiva”, dijo Doug Moss, ex piloto y actual investigador de accidentes aéreos.

Tras el accidente del Airbus 320 de Germanwings, la búsqueda de un modelo de seguridad inexpugnable se ha convertido en una suerte de “Santo Grial” para las autoridades de aviación preocupadas por la seguridad de millones de pasajeros en todo el mundo. El caso de Lubitz ha puesto en entredicho la modificación de los sistemas de seguridad que hasta ahora apostaron por el blindaje de las cabinas. De hecho, tras los atentados del 11‑S, más de 6 mil aeronaves en EU convirtieron sus cabinas de mandos en auténticas fortalezas.

Nadie, sin embargo, calculó la amenaza de los pilotos suicidas como parte de la continua búsqueda de la seguridad absoluta en las aerolíneas internacionales.

A pesar de que los pilotos suicidas son una rareza, la Red de Seguridad Aeronáutica en todo el mundo tiene registrados desde 1976 un total de 8 casos en los que un piloto suicida decidió terminar con su vida y la de cientos de personas. En EU, el caso de los pilotos suicidas suele ser una amenaza en solitario. Se trata de pilotos que se estrellan desde una avioneta o un helicóptero.

Según la NTSB, entre 2003 y 2012 ocurrieron un total de 8 accidentes provocados por pilotos suicidas. Sólo en uno de estos casos, el piloto iba acompañado de una segunda persona.

Según el informe de la NTSB sobre estos accidentes provocados, el suicidio de un piloto suele estar vinculado a “problemas depresivos, dificultades financieras y conflictos en las relaciones personales o amorosas”. El mismo reporte concluye, sin embargo, que la frecuencia de casos de pilotos suicidas ha disminuido drásticamente. A pesar de ello, el caso del Airbus 320 de Germanwings ha vuelto a demostrar la necesidad de revisar y modificar la normativa que ha hecho de las cabinas un sitio inexpugnable que favorece el atrincheramiento de una persona en solitario. Lo irónico de este caso es que, el fenómeno de los pilotos suicidas, no es un algo que haya surgido o acentuado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

 

De hecho, uno de los casos más parecidos al del copiloto Lubitz, ocurrió en octubre de 1999 cuando un avión de la Aerolínea EgypAir que viajaba de Nueva York a El Cairo se estrelló poco después de despegar cerca de Nantucket, Massachusetts, dejando un saldo de 217 muertos.

Según la reconstrucción de los hechos, y la grabación de la cabina recuperada de la caja negra, el piloto se disculpa para ir al baño una vez que la aeronave despega. En ese momento, el copiloto se atrinchera en la cabina y manipula los controles para provocar el descenso de la aeronave mientras musita continuamente “en Dios confío. En Dios confío. En Dios confío”.

Según el dictamen de la NTSB, el trágico accidente de Egyptair se produjo por culpa del copiloto, Gamil El Batouty. Sin embargo, en el reporte final nunca se utilizó explícitamente la palabra suicidio para ahuyentar así el fantasma de los pilotos con tendencias suicidas que ha vuelto tras la tragedia del Airbus 320 de Germanwings.(Agencias)