Home Nuestra Palabra RELATOS DE VIDA

RELATOS DE VIDA

0

Como en vísperas de Navidad

Con la emoción de un pequeño en espera de los regalos de navidad, te esperé, deseando verte o por lo menos vislumbrar tu sombra, escuchar tu caminar o el timbre de tu voz que cada vez se desvanece entre mis recuerdos.

Era la primera vez que te recibiría en mi casa, el nerviosismo recorría mi piel y cada vello que en ella vive; tomé un trapo y escombré la mesa, coloqué un par de pliegos de papel picado, llené un vaso con agua y dibujé escrupulosamente en un plato una cruz con sal.

Acomodé dos veladoras que tenía en casa y cuidadosamente se centré en el escenario multicolor una foto en la que tienes perfectamente tomada de la cintura y de la mano a mi abuela, la viejita que te acompañó durante toda una vida.

Esta imagen retrata perfectamente lo guapos que eran y la hermosa pareja que formaban; vestían elegantemente y bailaban orgullosos por el éxito de mi padre, la terminación de su formación académica.

El retrato no solo cuenta una anécdota juntos, y no simplemente forma parte de mi baúl de gratos recuerdos; también significa una historia propia, por el esfuerzo que costó conseguirla, ya sabes que mis tías querían tenerla en sus manos, pero finalmente lo logré y ahora es totalmente mía, y diariamente está coloca en mi espacio de trabajo para confirmar tu presencia.

Una vez  instalada en la parte principal, en un homenaje a su vida, observé con tristeza que no tenía nada que ofrecerte, la despensa se había terminado, y mi desorganización financiera contribuyó a no prever y adquirir lo necesario.

Eran más de las 10 de la noche y mis opciones para adquirir comida estaban cerradas, abrí el refrigerador y saqué un envase que contenía gelatina, alimento que no puede faltar en casa; cuando recordé que en la panera tenía algunas piezas de pan.

Después tomé un caballito que llené con tequila, de mi reserva personal, la uso para el “desempance” así como me lo enseñaste; y volví a rediseñar el espacio donde instalé una ofrenda modesta, tal vez austera, pero con toda mi alma y corazón.

Y como si fuera un niño, que espera ansioso la llegada del ratón Pérez o la hada de los dientes, por algún ejemplar caído; o se ilusiona por la noche de Navidad para recibir sus obsequios, yo te esperé para volverte a ver.

Pero la mezcla de nervios, emoción e ilusión de verte entre las sombras, me abrazó en un placentero sueño, en el que finalmente te ví, guapo, de la mano de mi abuela y feliz por estar a su lado; no te ví entre sombras, ni tomando la poca ofrenda que te ofrecí, pero te ví.