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RELATOS DE VIDA

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“Ya no tiene solución”

– ¿Qué fue lo que pasó?- preguntaba el médico Verduzco, director del turno vespertino del Hospital Regional a Elena, jefa de Enfermería, mientras corrían por el pasillo dos hacia el cuarto 34, en donde el señor Urbano, había entrado en paro cardiaco.



El ¡beep! continuo del monitor de signos vitales, fue el que alertó al personal médico del estado en el que había entrado Don Urbano, adulto de 55 años que había ingresado al nosocomio por insolación, luego de estar más de doce horas bajo los rayos del sol arando su tierra, sin protección alguna y sin haber ingerido líquidos.

Elena con agitación y preocupación contestó al doctor – No lo sé doctor, su última revisión fue hace 15 minutos y se encontraba estable, ese fue el reporte de Juanita,  la enfermera nueva; hasta que la máquina alertó de la falta de signos.

Le recordó que una vez ingresado, inmediatamente fue canalizado y le suministraron suero para iniciar el proceso de hidratación, y al cabo de unas horas, el campesino presentaba mejoría, por lo que su estado era estable.

¡Rápido! El desfibrilador, -gritó molesto el galeno en cuanto llegó a la habitación, mientras con la cabeza indicaba a la enfermera preparará al paciente e iniciará la carga del aparato; después de unos minutos colocó las planchas en pecho de Don Urbano para soltar la descarga que provocará que el cuerpo presente un sobresalto.

¡Aún nada, vuelve a cargar!- indicó nuevamente y un choque eléctrico se descargó directo al corazón- ¡nada, otra vez, carga!- anunciaba como si en este intento estuviera toda su esperanza y lo colocó por tercera ocasión en el pecho.

El monitor comenzó a registrar latidos, que aunque débiles se escuchaban; todo el personal exhalo descargando la angustiosa situación. Iniciaron el procedimiento para estabilizarlo, sin embargo la duda común era la causa del paro cardiaco.

Horas después el doctor visitó a don Urbano, quien precisamente comenzaba a despertar, y al ver al doctor parado a un costado impecablemente blanco esperando su recuperación preguntó – ¿estoy en el cielo, sí morí?

Ante el cuestionamiento Verduzco dibujó una sonrisa en su rostro, para después responder -No está en el cielo, usted no ha muerto, ¿por qué habría de estarlo? – a lo que inmediatamente contestó don Urbano – recuerdo que una jovencita vino a revisarme, salió del cuarto y en la entrada le avisó a una enfermera que ya no tenía solución.

Con el anuncio, comencé a sentir que mi corazón latía muy rápido, muchas imágenes pasaron por mi mente…y….ya no recuerdo más. El médico soltó una sonrisa, mandó llamar a Elena y Juanita, les contó lo que Don Urbano le había informado. La nueva enfermera apenada, explicó al paciente que al decir “Ya no tiene solución” se refería a que el suero suministrado se había terminado, y pidió una disculpa por la confusión; a lo que Don Urbano contestó, “niña mensa, ponga más atención”.