RETRATOS HABLADOS
Las elecciones de 84 presidentes municipales en Hidalgo a celebrarse a mitad del presente año, representan en muchos sentidos la reconstrucción del escenario político en la entidad, incólume desde hace por lo menos cinco décadas, capaz de resistir verdaderos cataclismos que la han permitido mantenerse con una estructura rígida capaz de realizar modificaciones ornamentales pero nunca definitivas, al grado de romper todos los lazos que la han mantenido con vida.
Será diferente pero igual este 2020. Parece un absurdo lo anotado, pero la llegada del gobierno de la Cuarta Transformación en el plano federal, con todo y que a juicio de amplios sectores es la muerte definitiva del Revolucionario Institucional, no lo será porque ni el cambio observado hasta la fecha ha sido tan radical para augurar esa posibilidad, y el reagrupamiento de fuerzas al interior del tricolor ha permitido observar un fenómeno único en la vida de un instituto político: su capacidad para aparentar un estado casi vegetativo, pero sin permitir su desconexión total en el plano neuronal.
Es decir que sigue tan vivo al tiempo que el partido del Presidente de la República ha caído en una autocomplacencia, que proyecta la idea de que su existencia real es algo secundario mientras Andrés Manuel López Obrador pueda mantener la estructura política real que es él y solo él.
En el caso hidalguense, algunos afirman que el PRI podría ver su tumba definitiva si no logra recuperar municipios de importancia vital por su poder económico y de población, como es el caso de Pachuca y Huejutla, por mencionar algunos.
Difícilmente los tricolores lograrán triunfos importantes si se mantiene la tendencia que los llevó a una debacle crítica, con la imposición de candidatos o candidatas que gozan del repudio general entre la base priísta, que es necesario anotarlo: todavía existe.
Es cierto, poco habrían logrado de todos modos ante la ola de AMLO que llevó a diputaciones locales y federales a personajes poco menos que siniestros, ligados a enclaves de poder, fruto de la escisión al interior del PRI y una lucha intestina que derivó en la aparición de grupos que se han hecho pasar por Neo Morenistas, Neo Panistas y toda franquicia política que se les ha puesto a la mano de su bolsillo, por cierto muy generoso.
Y sin embargo el PRI, al menos en Hidalgo, es real, existe y buscará rescatar espacios que en cuestión ideológica son más cercanos a la política López Obradorista que al grupo político que a estas alturas ha perdido de manera evidente su influencia dentro de Morena, que casi pasó a ser de su propiedad, pero que por la ambición y desmedida abuso cometido en tan poco tiempo hoy saben que no contarán con el mismo para lanzar candidaturas a su gusto en los comicios municipales.
El desmedido rencor del Grupo Universidad hacia su antigua casa que es el PRI, llevó a usar de manera torpe el partido que habían recibido en recompensa, Morena, para el cobro de viejas afrentas al grado de traducirse en un rompimiento con el Jefe de la Nación, base sustancial del movimiento morenista.
Eso explica un acercamiento visible de Morena con el priismo menos ortodoxo del país, y más abierto a la renovación y actualización de la ideología priísta, a partir de la lucha contra todo tipo de corrupción, que al final de cuentas fue el lastre que llevó a pique al PRI en su antiguo concepto.
Será pues un año en que se reconfigure a fondo el Revolucionario Institucional en la entidad, y en el que aquellos que se consideraron aliados intocables del partido presidencial, tendrán que optar por la adquisición de una nueva franquicia política si quieren mantenerse con vida.
Mil gracias, hasta mañana.
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@JavierEPeralta