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“Pinche presidente”

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RELATOS DE VIDA

Cuando la lluvia arrecia, los ruleteros se convierten en una necesidad para los que habitualmente recorren las calles en el transporte público, la demanda del servicio particular incrementa y para los taxistas representa una oportunidad de cubrir la cuota.
El goteo era constante, el operador del taxi alcanzó a reconocer el brazo extendido de una mujer a escasos cinco metros, la figura femenina se encontraba exactamente en una esquina, bajó aún más la velocidad  hasta detener completamente el automotor para que la posible clienta ascendiera.
Una vez dentro del carro preguntó – ¿A dónde vamos? – y la pasajera mencionó una calle ubicada en el centro de la ciudad; emprendiendo el viaje hacia el destino señalado; pasaron cerca de cinco minutos y el ruletero trató de iniciar la plática afirmando, “Pinche Presidente, todo lo que está pasando es su culpa”.
Un poco confundida la mujer responde -¿por qué lo dice? – porque vivimos en un México de porquería en donde los pobres somos más pobres, donde no hay trabajo, sus disque reformas solo nos han chingado, dijo el taxista.
Tratando de esquivar las supuestas afirmaciones, la usuaria le responde, – pues es de percepciones, pero yo me dedico a trabajar, tratar de sacar a mi familia adelante, poner mi granito de arena desde casa.
Un tanto insistente el ruletero continuó – pero aunque no haga caso, y usted se dedique a lo suyo, las decisiones de ese pinche presidente le afectan, porque su sueldo ya no le alcanza para nada, los servicios y las cosas aumentan pero su dinero no.
 La fémina replica – tiene razón, no alcanza, pero quejándome no solucionará las cosas, así que me dedico a trabajar y disfrutar de mi familia; pero no conforme el conductor agrega – y ahora con todas las pinche cosas chinas, nos da más en la madre, porque compramos esas cosas chafas porque no nos alcanza y al final de cuentas gastamos el doble.
-Bueno, pero si usted compra esas cosas, es por decisión propia, bien puede ahorrar y comprar otras de mejor calidad – indicó la usuaria – no, porque por culpa de ese pinche presidente no podemos ni siquiera ahorrar, vamos al día – dijo el chofer, seguido de un silencio, que fue interrumpido a los dos minutos con la frase – además la inseguridad va en aumento, le digo que ese pinche presidente hace todo mal.
Y sigue – si él diera oportunidades de empleo, no tendrían que robar, nuestros hijos terminarían de estudiar y no tendrían que meterse a la delincuencia para salir adelante – afirmación que replica la mujer – Pero todo surge de una buena base de valores en casa, si los hijos saben que eso está mal buscarían opciones para trabajar y no abonar a la inseguridad.
Regresó el silencio, de esos incómodos en donde lo único que esperas es llegar a tu destino y olvidar la situación. La lluvia había incrementado su fuerza, el ruletero detiene su marcha en una esquina, la usuaria paga el servicio, abre la puerta y desciende de la unidad, aún no cierra la puerta cuando da un paso y cae en una coladera abierta que no alcanzó a percibir por el caudal de agua que corría, suelta un grito y enseguida se escucha “¡ya vio! pinche presidente”.