
Pasa todo y no pasa nada…
Desde el momento en que veo que la impunidad y la estulticia están ganando la batalla, mi cerebro se niega a reaccionar, pues en su infinita ingenuidad no alcanza a comprender en qué momento perdimos la cordura y se invirtieron los papeles protagónicos de nuestras vidas.
Delincuentes que se vuelven policías; policías que se convierten en delincuentes; una mezcla de ambos que, arrepentidos, pretenden redimirse y piensan que con culpar a alguien ya tienen ganado el cielo y el perdón de los humanos.
Vándalos que demuestran mayor educación que las “ladies” y “gentleman” de alguna colonia VIP, estos últimos, ejemplo y a la vez instructores de las fuerzas básicas de la mediocridad, al permitirles exceso de libertades por la ausencia de atención familiar y la creencia miserable de que el dinero otorga inteligencia.
Mi mente está saturada de nada que no sea perderme en la vaguedad que todo lo alivia y confunde a la vez; lo alivia, porque nos evita seguir pensando en ese precioso legado generacional llamado “corrupción”; lo confunde, porque mi silencio también puede ser una especie de esa corrupción anti relajante.
Los papeles se han invertido, los patos les tiran a las escopetas, algunas ocasiones con mucha razón y argumentos de sobra, en tales casos, lo más conveniente es apoyar; pero en otras ocasiones, esos patos llevaban mucha cola que les impide levantar el vuelo, cola impregnada de necedades, de caprichos y sobre todo de intereses ajenos a los auténticamente sociales; la intolerancia se comienza a presentar hasta en el uso del lenguaje.
Vivimos en una época que seguramente será trascendente, y no solo por la pandemia que de suyo ya es un signo gravísimo para la humanidad, sino también por la forma en que hemos tratado a los problemas cotidianos, en donde pareciese que la humanidad ya está perdiendo la motivación para seguir avanzando y que hemos decidido dejar que las cosas sucedan en términos de la suerte y no como convenga a nuestra salud e intereses.
Para escribir esta nota me esfuerzo en encontrar algún tema que sea de interés y que se refiera a cosas agradables de nuestra contemporánea vida, pero por más esfuerzos que hago, solo llegan a mi mente fosas clandestinas con muertos anónimos que al final irán a parar a otra fosa igual de común que en la que fueron encontrados; impunidad de servidores públicos que se desaparecen del planeta como por arte de magia y con ello evaden “fácilmente” a la justicia, aunque después se convierten en el top ten de las redes sociales y hasta sacan sus propios videos como testigos de lo que convenga a alguien que se legitime.
México es un país en donde “hacemos para pensar” y “no pensamos para hacer”, metemos la pata y al fin y al cabo que las consecuencias las pague otro; la caravana con sombrero ajeno es la filosofía de quienes se sienten redentores del planeta, pero con recursos de los que pisoteamos. Cada cual tendrá un espacio en la historia, aunque ya hemos visto que la historia es directamente proporcional a la conveniencia de quienes gobiernan
Pues nada, se me acabó el tiempo y no me llegó a mi mente ningún tema de amor y ternura para poder comentarles; la candidez también está perdiendo terreno; lo mejor es refugiarnos en nuestra nube y desde las alturas pensar que en la tierra no está pasando nada.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.