Somos efímeros…
Lo único cierto es que hoy estamos…mañana tal vez no; es la ley de la vida, nacemos para morir; algunos lentamente, como pidiéndole al tiempo clemencia y que la muerte solo sea un abrir y cerrar de ojos, y después la nada; otros, adelantan su tiempo biológico y en un alarde de cobardía deciden ya no seguir viviendo.
¿Qué sentiremos cuando estemos en el umbral del silencio eterno?, saber que el final se acerca y que aún hay muchos planes por hacer, muchos amigos a quien saludar, muchas personas para estrechar la mano, muchos amaneceres que desearíamos compartir con nuestros seres queridos; pero ya no, la vida se nos escapa a cada segundo y la impotencia nos invade.
Quizá ya no estaremos en la próxima navidad o en la del siguiente año, tal vez ya no podremos abrazar a ese nuevo miembro de la familia que viene en camino; es un hecho, ya no podremos resolver tantos y tantos pendientes que hoy tenemos como yugo en nuestra conciencia.
No es una actitud fatalista la que en este momento asumo, más bien, es entender que nuestro final nadie lo conoce, pero todos lo presentimos, y en su mayoría, aunque no lo aceptemos, le tememos.
La vida solo es una luz fugaz que se ensombrece con la muerte; sombra que deja pena, tanto al que se va como a los que se quedan; el que se va empieza a morir en el momento en que toma conciencia de que su tiempo está llegando a su fin, y el sufrimiento debe ser indescriptible; los que se quedan, tratando de asimilar el momento en una especie de autoengaño diciéndose que “esa es la ley de la vida y que solo se nos adelantaron”.
¿En verdad que solo estamos de paso a una vida mejor?, nadie lo sabe, aunque la fe nos constriñe a tener esa esperanza improbable; por ello, hoy entiendo que debemos disfrutar al límite cada momento, abrazar, reír, disfrutar a quienes están a nuestro alrededor, pues mañana esa omisión podría ser la cadena que nos haga llorar en nuestra partida.
Esta semana partió mucha gente conocida, pero también muchos de cuya existencia ignorábamos, pero sin duda, todos ellos dejaron una huella en sus círculos de influencia, y al final solo quedará ese recuerdo de lo que alguna vez fuimos.
Por ello, va nuestro recuerdo para todos aquellos que se nos han adelantado en esta semana, en estos últimos meses; muertos que ya tienen rostro, que ya conocemos sus nombres, muestra indiscutible de que la pandemia no era un complot, y para ellos nuestro pensamiento, que es nuestra gentil manera de seguir conservándolos con vida, aunque, estoy seguro, que ellos hubiesen querido seguir observando la luz de cada amanecer y no solo ser un recuerdo más que se desvanecerá con el tiempo y desaparecerá con nuestra propia muerte.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.