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Picando piedra…

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Picando piedra…

PIDO LA PALABRA

Para muchos jóvenes, hoy la historia solo representa una materia más que tienen que estudiar para aprobar el ciclo escolar; el pasado no les inspira nada; no sienten la vibra de los acontecimientos que nos han llevado al momento que hoy nos mantiene vigentes; la historia de México la ven como una narrativa fantasmagórica, alejada de la temática de cualquier best seller de nuestra época; y sin embargo, esa historia es tan indispensable para determinar nuestros propósitos, personales y colectivos; superar los éxitos y aprender de los errores.

Pero esa incitación a conocer las cosas por sus causas de súbito se desvanece cuando se escucha al adolescente asegurar, por ejemplo, que el “21 de marzo” se celebra la “Batalla de Puebla”; otros más, solo relacionan la fecha con la entrada de la Primavera; y no falta quién, en un alarde de erudición, casi le atina al citar que dicha fecha corresponde al aniversario de la expropiación petrolera.

Es una lástima que las nuevas generaciones, conozcan mejor la fecha de independencia de los Estados Unidos de Norteamérica que el aniversario del natalicio del Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez; cuesta trabajo entender que su idea de la vida es ganar sin tratar de esforzarse; su filosofía para el éxito es estirar la mano sin haber hecho los méritos necesarios para disfrutar lo ganado.

A los viejos, con el tiempo se nos acaban los argumentos para convencer a los jóvenes, o tal vez nos hemos resignado a hablar como si lo hiciéramos con la pared; así se siente, sobre todo cuando esos jóvenes impetuosos, internautas del asfalto, van absorbiendo el nuevo modelo de vida que la mercadotecnia y la tecnología les proporciona; la televisión y la internet se han convertido en su modelo educativo, en substitutos de sus héroes paternos, ocupados en sobrevivir en la brutalidad de la competencia que canibaliza nuestra época.

El futuro de México no lee; con suerte estudia para los exámenes, pero no para aprender; la apología del delito, esa que alguna vez se convino no publicar, es más atractiva que la historia de las “guerras cristeras”, más interesante que las huelgas de Cananea y Río blanco, ambas fuentes históricas de normas de derecho.

Sigamos picando piedra, pues esa piedra bruta algún día se pulirá, y cuando eso suceda, la estafeta la habremos trasladado a otro corredor; nosotros nos habremos retirado de la carrera, pues el tiempo cobrará factura.

Los ciclos de la vida se van cumpliendo inexorablemente; iremos quitando los obstáculos que estorbarán a los de atrás, y aunque muchos de esos jóvenes seguirán confundiendo las fechas, alguno reaccionará y ocupará ese espacio que hoy tenemos prestado y empezará su lucha, esa lucha que a veces parece interminable, contra corriente, contra la indolencia, contra la apatía que destruye ánimos y conciencias.

Al paso de los años veo esas piedras que lograron pulirse, pocos en efecto, pero también son parte de nuestra historia; tal vez sean el regalo para nuestro ego; más vale creerlo así para que no nos mate la frustración al darnos cuenta que casi al final de la jornada no pudimos aportar nuestro grano de arena en esta playa de la vida.

Flores Magón no debe desvanecerse en las páginas del Señor de los Anillos; los Hermanos Serdán deben ser mucho más importantes que El Capitán América; esa es la estrategia por donde debemos empezar; los propósitos solo se logran y se les encuentra sentido cuando conocemos nuestro pasado.

Los intereses creados en el campo educativo nos atrasan, al igual que los nubarrones de la ambición política, pero nada debe detenernos, el cansancio debe ser superado por el interés legítimo de enseñar, pues esa es la única forma por la que los jóvenes sabrán que el 21 de marzo no es día de la batalla de Puebla.

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.