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Pese a las miradas

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Pese a las miradas

RELATOS DE VIDA

—¿Estará muerto?

—Lo venían persiguiendo y de pronto se cayó

—Pero tiene sangre en la pierna, yo creo que lo apuñalaron

Eran algunas de las expresiones que se murmuraban entre la bola de curiosos que rodeaban a un joven que se encontraba tirado en el piso, inmóvil, inconsciente y bastante golpeado.

Los policías que llegaron al lugar, pero que desde minutos antes ya observaban el argüende, omitieron tomarle los signos vitales y prefirieron comenzar a cuestionar a los observadores que ya formulaban teorías sobre el hecho, en tanto llegaban los paramédicos para atender al agredido.

El ambiente estaba tenso, permeaba la incertidumbre y ganaba el chisme, nadie quería moverse hasta saber lo que había sucedido, mientras el joven permanecía estático en el piso.

Repentinamente la víctima despertó gritando — “Agarren al hijo de la chingada que me picó” —ante la mirada atónita de los espectadores que ya creían que había trascendido a otro campo, el espiritual.

Buscó la manera de levantarse, pero la debilidad de su pierna por la herida lo tumbó nuevamente al frío y ya ensangrentado pavimento, quería correr y vengarse del cobarde que lo atacó por la espalda, pero la desesperación y la desmedida adrenalina lo tumbaron nuevamente al piso.

Fue un lapso corto pero preocupante, verlo tirado seguía causando conmoción en los observadores, pese a que nadie le tomaba mucha atención, porque bastó el sonido de un cuete para que todos cambiaran la vista de lugar.

Para cuando regresaron a observar al joven, éste se encontraba en medio de un charco de sangre y ahora sí había trascendido.

Luego de la investigación y revisar el cuerpo en aquel cuarto helado, descubrieron que no fue uno, sino varias punzadas que lo vaciaron completamente del líquido rojo que lo mantenía con vida, todo ello ante la mirada de los curiosos.