Home Nuestra Palabra PEDAZOS DE VIDA

PEDAZOS DE VIDA

 

Allá

 

En aquellos lugares donde la vida comienza antes de que cante el gallo, donde el aroma del café, los frijoles y las tortillas reciben la mañana, se tiene otra vida, igual de difícil que la de la ciudad, pero con más tranquilidad que la que se pueda vivir en las colonias podridas de las capitales, allá en los lugares en donde la sensación del fresco rocío se complementa con el aroma de humo que emana de un fogón lejano, se tienen otros problemas y otras esperanzas.

Allá se puede comer un taco de chile con sal, beber café en jarros de barro, y dormir en petates a expensas de que algún animal rastrero pueda entrar y hacer de las suyas mientras la gente duerme, acurrucada y arrullada con el sonido de la noche, de los insectos, de las aves nocturnas, del mismito viento que orquesta su melodía al pasar entre las copas de los árboles.

Y aunque  para muchos la vida de allá, pareciera más fácil que la de cualquier ciudad, no es así, es rica la comida y es hermosos el paisaje, pero cuando se vive ahí, las manos se curten con el trabajo en la tierra, la espalda se fortalece con la leña que se carga a cuestas, y la piel cambia de color por los abrazos del sol. No es fácil, pero al final del día, la gente se puede sentar afuera de sus casas, a platicar con los vecinos, para contarse historias y enterarse de noticias que ocurrieron hace un par de semanas.

Así transcurre la vida en aquellos pueblos, que no han sido invadidos por las grandes cadenas comerciales, que apenas y cuentan con energía eléctrica. En donde las cantinas cierran a las siete de la tarde y abren a las nueve de la mañana.

Con sus problemas, con sus hijos que se van para regresar de vez en cuando, porque allá no hay escuelas,  porque allá no hay oportunidad de ser algo más que una persona de bien,  y cuando terminan de estudiar, pocos son los que regresan porque tampoco hay trabajo en el pueblo.

La vida es así, mientras en la ciudad matan por unos cuantos pesos, allá se cuida con machete en mano del ganado y los animales de granja. Allá la gente se cuida del nagual y cuando hay ríos escuchan el llanto de la mujer de blanco que se aparece de vez en cuando.

 

Allá la vida es diferente, y la gente también.