RETRATOS HABLADOS
Existe un “punto de quiebre” en todo organismo de poder, en el que es necesaria una recomposición profunda, absoluta de su estructura interna. Es en esos momentos que se aplica una purga en todos los terrenos habidos y por haber, que algunos llaman rompimiento con el entramado político de siempre, pero que a la postre se convierte en la única posibilidad real de sobrevivencia hasta para los que en principio se consideran indeseables.
Ocurre en pocas ocasiones, al menos de la vida de quien observa, pero son cíclicos y efectivos con todas las garantías de un buen funcionamiento, porque así lo dicta la experiencia y la historia.
Nada tiene que ver con venganzas o cobro de afrentas, porque en el actuar de un estadista que conoce el pasado reciente esos elementos no caben, no pueden ser utilizados en el trance que le toca vivir, y para el cual fue seleccionado incluso hasta por el destino.
El gobernador Omar Fayad Meneses, da vida a este proceso en que un sistema de gobierno, que conste no hablo solo del PRI, debe saber interpretar el momento, las circunstancias en que la decisión popular lo llevó a un cargo primerísimo de representación.
Si alguno o algunos insisten en calificar como una simple querella con su antecesor, observarían solo una parte del momento que vive la entidad, porque se trata de un sexenio con características únicas, que definirá en muchos sentidos lo que vendrá por lo menos durante los próximos cinco sexenios. Es decir, hablamos que por adelantado la herencia en el terreno político de Fayad Meneses, ¡tendrá una vigencia de 36 años, si incluimos su propia gestión!
Estamos ante uno de los cambios más radicales en el ejercicio del poder, que tiene como tarea prioritaria fincar la estructura de una forma diferente de gobernar, y que por principio de cuentas estaba obligado a sanear de raíz la administración pública, con gravísimos problemas imposibles de resolver con una simple curación.
El hecho también es que bajo ninguna circunstancia puede ni debe el que arranca un proceso de este tipo dejarlo en el limbo, o en un enjuiciamiento mediático sin que pase al terreno de lo legal.
Es evidente que los más de 5 mil millones de pesos gastados en la administración del ex gobernador Olvera, que “no le cuadran” a la administración de Omar Fayad, y que no tienen el soporte documental que avale su ejecución para fines de obras o de otras acciones similares, hay un problema, y un problema grave.
A estas alturas necesariamente ya deben existir los elementos necesarios para que no solo sea el ex director general de Radio y Televisión del estado de Hidalgo, Sergio Islas, el que sea objeto de una orden de aprehensión, sino otros funcionarios, que lo mismo pueden ser del DIF-Hidalgo, la Secretaría de Educación Pública, por mencionar algunos organismos con serias complicaciones en sus finanzas.
En todo ejercicio de poder es evidente que habrá personajes que aprovechan la confianza que es depositada en ellos, para traicionar a quien dio por descontado que nunca atentarían o morderían la mano de quien los ayudó. Sin embargo la condición humana es así, y el caso del ex gobernador Olvera parece caminar por ese sendero, en el que la traición de personas de su confianza lo colocan en una situación harto complicada.
A lo anterior habrá que agregar el momento que le toca vivir, en que un instituto político como el Revolucionario Institucional pone en práctica un rito antiguo pero vital para su sobrevivencia, que consiste en la destrucción hasta sus cimientos de ídolos antiguos, de usos y costumbres, para poder resurgir de sus propias cenizas.
Mil gracias, hasta mañana.
jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico
twitter: @JavierEPeralta
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Nada tiene que ver con venganzas o cobro de afrentas, porque en el actuar de un estadista que conoce el pasado reciente esos elementos no caben, no pueden ser utilizados en el trance que le toca vivir, y para el cual fue seleccionado incluso hasta por el destino.