Paloma querida

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HOMO POLITICUS

 

Cuando ingresé a la facultad de ciencias políticas y sociales, una de las clases que me impactó, sin duda, fue Teoría Social que impartía el connotado sociólogo Gabriel Careaga. Las clase de Careaga eran particularmente amenas e interesantes, él era en definitiva un enciclopedia de dos patas.

 

Un día hablando de la filosofía de lo cotidiano, sentenció: “al respecto el único filósofo que ha tenido México es José Alfredo Jiménez”, yo como extranjero sabía de su canción inmortal “el Rey”, pero no conocía bien su obra musical, acto seguido, me dediqué a escuchar a José Alfredo y me di cuenta que en verdad era el “filosofo de México”.

 

Noté, que muchos interpretes cantaban las canciones de José Alfredo, desde luego Vicente Fernández pero no solo él, sino artistas de diferentes géneros, ya fueran de opera que de rock, en definitiva, me di cuenta de que José Alfredo no habrá de pasar de moda en México.

 

Así, invariablemente, siempre desde un balcón o ventana, alguna mozuela escuchará una serenata y le dirán “amanecí otra vez entre tus brazos”, o rezongándole le afirmarán “y cuando al fin comprendas que el amor bonito lo tenías conmigo”, sin duda, palabras que llegan y llenan el alma, que tocan las fibras sensibles.

 

Yo, sin afán de protagonismo, afirmaría que José Alfredo no sólo fue un filósofo sino también un poeta, que toca y sigue tocando el corazón de cualquiera que este enamorado o desilusionado, del triste y del alegre, del rico y del pobre, porque él era “hijo del pueblo”; ¿Cuántas borracheras no se curan al grito de “te vas porque yo quiero que te vayas”?

 

Siempre en la memoria de este México de los recuerdo, siempre en el corazón de los románticos, de los que en una buena peda le cantan al amor, al desencuentro, a la hombría; allí está José Alfredo, recordándonos que “con dinero o sin dinero”, que “que te vaya bonito”, así, con la frescura del que sabe que la vida es más que un escenario sórdido y sin sentido.

 

Con nostalgia pero con cariño, así se recuerda al que en sus caminos de Guanajuato fue capaz de cantarle a su paloma querida.