MOVIENDO A HIDALGO
La tarde fría y lluviosa, nos lleva en un camino natural a los recuerdos que nos construyen con nuestras propias historias en donde la infancia y los amigos son junto con los hermanos y los padres, lo mejor de nuestras vidas y quizá lo único que realmente son nuestros. La liturgia de estas tardes nos ayuda a recuperar lo que realmente vale la pena, lo que se nos da gratis y que muchas veces olvidamos por otras cosas que a lo mejor ni valen la pena, porque un barquito de papel en un arroyuelo alentado por la ilusión de nosotros como niños, vale más que muchas de las ambiciones de adultos alentadas por valores muy cuestionables de adultos anclados en mezquindades.