Home General PACHUCA VIVIÓ UN DÍA HISTÓRICO

PACHUCA VIVIÓ UN DÍA HISTÓRICO

0

Crónica de una tarde desquiciante
A la Plaza Juárez le bastó un momento de distracción para que cientos de personas se alzaran en contra de un probable “fraude”

Artículo 269, punto dos de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales: a los presidentes de las mesas directivas de las casillas especiales les será entregada la documentación y materiales a los que se refiere el párrafo anterior, con excepción de la lista nominal de electores con fotografía […]. Artículo 253, punto tres: en toda sección electoral por cada 750 electores o fracción se instalará una casilla para recibir la votación […}.
    Inicia la jornada electoral en Pachuca. La gente, puntual, comienza a llegar a las casillas, con la novedad de que varios de ellos aún no han completado el proceso de integración, generando molestia entre el electorado.
    En la Plaza Juárez, exactamente en el Teatro Bartolomé de Medina, se instala una de las tres casillas especiales establecidas ex profeso para que personas en tránsito por la ciudad, pero de pronto, una gran fila, que parece superar el número de votantes autorizados, se abalanza por las puertas, generando desconfianza entre la ciudadanía reunida.
    No pasaban unas cuantas horas, cuando refieren las mismas personas, un muchacho se colocó en el asta bandera de la explanada, anunciando el peor escenario: las boletas, las 750 boletas destinadas a la casilla, se habían agotado, provocando un ataque de ira entre las personas que se vieron imposibilitadas de ejercer su voto. Pero, ¿qué hacer?
    De pronto, las mismas personas comienzan a provocar un barullo, por lo que los funcionarios de casilla se ven obligados a resguardar el recinto, ante un probable panorama negativo; la gente comienza a reclamar, y aunque no tiene algún tipo de relación, comenzaron a gritar consignas en contra del PRI, responsabilizándolos de un posible fraude.
    Las cosas comienzan a salirse de control: la gente quiere entrar a votar por la fuerza, cuando los mismos funcionarios de casilla indican que “no hay manera”. El sol sofocante del medio día, y los ánimos exaltados de la ciudadanía hacen una situación difícil de controlar; algunas urnas son extraídas por los mismos protestantes, la fuerza pública entra en acción y se arma una batalla campal por el control de estas. Simplemente, las boletas son hechas añicos.
    Llegan los medios, llegan más policías, y la gente se confunde: acusan a la policía municipal de haber destruido el material electoral y los ánimos se caldean. Se dan cuenta que la única urna “a salvo” es el de presidente, por lo que exigen que sea contabilizada, al menos para rescatar lo irrescatable. A partir de entonces, la casilla es oficialmente anulada.
    Comienza a retirarse la gente, desanimada, con el temor latente de un “fraude”. Los rayos del sol de la tarde caen sobre las cabezas de los únicos, que deciden organizarse para poder entregar una lista de ciudadanos y su voto. Pero todo esfuerzo es inútil, un pequeño descuido hizo que 750 votos terminaran en la basura. Literal.