No hay nada mejor, dice Pablo Milanés sentado, con el micrófono a unos cuantos centímetros de su boca, que despertar a las cinco de la mañana y ver a la mujer amada dormida al lado.
“¡Hermosamente, calladamente!”, señala el cubano frente a más de mil personas reunidas en el Plaza Condesa, recinto de conciertos en la Ciudad de México, que le aplaude.
Vestido de negro el cantautor caribeño refrenda su gusto por el romance y la palabra amable a la mujer, a esa cuyo género la noche del viernes, estuvo representada por chicas veinteañeras y otras de más de 50.
Junto al querido Pablo su hija Haidée, la misma que en los inicios de su carrera se eliminó el apellido para sobresalir por ella misma sin el identificativo de su padre.
“Ahora esto es un homenaje a él”, exclama la chica que desde los dos años, recuerda su padre, ya cantaba.
Ella es quien abre la velada con “La música” y “La gloria eres tú”, compartiendo con el cantautor cubano en “Si ella me falta alguna vez”.
Basta que Pablo, el amigo de la otra leyenda de la trova cubana, Silvio Rodríguez, aparezca en el escenario para que la antes tranquila sala se transforme en aplausos y gritos.