
ALFIL NEGRO
Hay cosas en la vida
que nunca se olvidan,
el rostro de la madre,
las manos de la esposa,
la risa de los hijos
la voz de nuestro padre,
recuerdos que nos dicen
lo que hemos caminado,
las noches con estrellas,
el viento que nos canta,
el camino de niño
por donde siempre vimos
marcharse muy temprano
al padre campesino.
Al final todo acaba
siendo sólo recuerdo,
cosas que ya se fueron,
voces que ya callaron,
rostros que son ternura,
marcas de sol y agua
que estarán con nosotros
los días de nuestra vida.
Los recuerdos son vida
de niños juguetones
en el parque del pueblo,
los árboles nerviosos,
las tardes que se fueron
Y ese niño nuestro
escondido y nervioso
atrás de los encinos,
recuerdo de baleros
de trompos y anzuelos,
de pescados de plata
y mil bosques de noche.
Ahora que soy grande
me crecen los recuerdos,
las campanas del pueblo
mi laguna y su islote,
esa calle del pueblo
por donde vi mil veces
desfilar a “Don Gorras”
militar retirado,
siempre atento y severo
con miles de gorriones
soldados de colores,
atentos al mandato
del “gorras” voz y mando.
Y aunque ya se han ido
sigo viendo en las tardes
las tías en sus dinteles
vigilando a sus niños
jugueteando en el parque.
Son ya sólo recuerdo
las veredas y cielos,
las clases en la escuela,
la cocina de casa
y aquel viejo manzano
de frutas tan felices
cometas de ilusiones.
Recuerdos, mil recuerdos,
que me dicen de tardes
que bien vale la pena
Vivir con esperanza,
dejar huella de canto
de amor por nuestra gente
y que pasado el tiempo
sólo seamos un recuerdo…
pero un muy buen recuerdo .