Entre la pandemia que se propaga y la recuperación económica incierta
- La nueva normalidad no parece avanzar por el rumbo que desearían muchos gobernantes hoy
Mientras en Bruselas se discute este martes, en medio de amargos y sectarios debates y por quinto día consecutivo, el plan de recuperación europeo propuesto por el presidente de Francia, Emanuel Macron, y la Canciller alemana, Angela Merkel, con difícil pronóstico sobre un posible acuerdo, el panorama mundial de la propagación de la pandemia parece cada vez más desolador. Nadie sabe cuándo se podrá frenar su avance y la reactivación de las economías nacionales parece una quimera; en sólo sete meses y medio después que saliera al mundo la notica sobre “un extraño virus aparece en China”, en el planeta han muerto 611 mil 933 personas por la pandemia del COVID-19, mientras que la cifra de contagios ha pasado a 14 millones 750 mil 622 personas en más de 218 países.
La propagación vertiginosa del COVID-19 debería hacer temblar al planeta y dejar de especular con una recuperación económica que no llegará pronto, pero donde la factura sanitaria tendrá un peso sustancial en las cuentas públicas. Sólo basta observar la evolución de la cifras actuales; pues si bien el 3 de abril pasado se hablaba de la existencia de un millón 56 mil casos en el mundo y de 55 mil 848 muertos por la pandemia, este 20 de julio las cifras publicadas por la agencia REUTERS señalan la existencia de 14 millones 753 mil 869 casos y 611 mil 969 muertos; es decir, los casos se han incrementado en mil 397% y las muertes en mil 96% en sólo poco más de 3 meses y medio.
Cifras son alarmantes, si se observamos que países como Brasil el 3 de abril pasado apenas registraban 8 mil 195 casos y 335 muertos, en cambio hoy superan los 2 millones 118 mil 646 casos y registran ya 80 mil 120 muertes por COVID-19. Más alarmante aún, es el que México estuviera en el lugar 41 de países con más casos y que hoy sea el séptimo con 344 mil 224 y registre ya 39 mil 184 muertes, sólo menos que los Estados Unidos, Brasil y el Reino Unido, que tiene 45 mil 312 defunciones.
La nueva normalidad no parece avanzar por el rumbo que desearían muchos gobernantes hoy. A falta de una vacuna o de medicamentos eficaces para enfrentar la pandemia y de disciplina por parte de la población, el desprecio por la vida parece ganar terreno en medio de un verano que parece diseñado para convertirse en la última estación que verán miles de seres humanos en el mundo.
No se trata sólo de México donde jóvenes y adultos pasean sin el protector buco-nasal, donde parece que una parte de la humanidad ha enloquecido y se mantiene confinada en sus casas, dejando pasar el tiempo para tomar una cerveza en una terraza, pasear o ir al mar, a una discoteca a divertirse; desde Bangkok hasta Ámsterdam, pasando por España e Italia, se observa la gente en playas, bares y terrazas, como si no pasara nada.
De aquí que, buscar recursos para financiar la recuperación económica sea cuestionable, cuando no se conoce aún el costo en vidas y económico que dejará la pandemia del COVID-19 que está en plena expansión en el mundo. Los desordenados intentos por volver a la nueva normalidad en México, al parecer, sólo están multiplicando los casos de contagio y de muerte; como consecuencia de la carencia de coordinación entre todos los niveles de gobierno para organizar los desplazamientos de las personas entre ciudades, entre municipios y Estados. La pregunta es ¿valdrá la pena intentar una nueva normalidad con un semáforo naranja, para volver luego y con más contagios a recluirnos en nuestras casas?