Home Nuestra Palabra Nuestra cuasi centenaria Constitución 

Nuestra cuasi centenaria Constitución 

0

A 98 años de la promulgación de la Constitución de 1917, es pertinente hacer algunos comentarios para destacar aspectos que reflejan su importancia en la historia, en el presente y en nuestro futuro como pueblo. Partamos del concepto aglutinante de una realidad determinada, que en el origen operó por la vía de las modificaciones de su precedente, —la de 1857—, como un mecanismo de adaptación del México de la Reforma a las circunstancias planteadas por el México de la Revolución.

 

Tanto una como otra son respuesta a las crisis que vivió nuestro pueblo en dichas etapas, lo cual, si atendemos al origen de todos los diseños constitucionales anteriores, confirman la regla de que una constitución es un gran acuerdo que armoniza los deseos de las fuerzas en pugna. En ese sentido, la Constitución es una puerta de salida a los conflictos de orden económico, político y social cuando éstos trastocan los pilares que sostienen un Estado y nos conducen al replanteamiento de nuevas fórmulas de relación entre los poderes, entre éstos y la sociedad y a su vez, para la interacción de los grupos del colectivo social.

Un aniversario más de la promulgación de nuestra norma suprema conlleva la necesidad de reflexionar para mantener en foco su verdadera dimensión, por el impacto que implica en la vida de los mexicanos. No podemos quedarnos en las románticas ideas que apelan a las bondades eternas de sus contenidos inalterables, ni suponer su modificación a capricho de las fuerzas políticas dominantes. La cuestión fundamental está en los puntos de equilibrio, que permiten conciliar las distintas esferas en que se mueven los intereses públicos y privados.

La Constitución es la expresión del acuerdo más importante que se puede lograr en un país, porque nace del ejercicio soberano de un pueblo que se determina a sí mismo y decide sobre qué bases desarrollar todas las normas jurídicas, para el cumplimiento de los deberes y para salvaguardar todos los derechos.

La Constitución de 1917 fue la primera que en su tiempo incorporó el reconocimiento a los derechos sociales. Reforzó la orientación social a favor de la justicia y la igualdad ante la ley, como pilares de las garantías individuales, ahora traducidas en el concepto más amplio de los derechos humanos.

Durante estos casi 100 años se le han realizado múltiples reformas. Un buen número indiscutiblemente ha estado encaminado a perfeccionar el sistema normativo; otro tanto quizá ha sido controversial por lo regresivo. Lo que pretendo destacar es que el poder revisor de la Constitución ha operado con efectividad, pues a pesar de la rigidez de nuestro sistema, más de 500 reformas han sido posible, lo que, nos guste o no, ha sido una vía para el desahogo de la presión de los grupos de interés, que al final han evitado un choque del tamaño de las guerras de Independencia, de la Reforma o de la Revolución.

 

Sin embargo, no podemos presumir que la paz, la estabilidad y el desarrollo quedaron resueltos. México padece problemas que por su magnitud no podemos ignorar; estamos en un momento crucial para revisar esquemas de funcionamiento de carácter organizacional, así como nuestras fórmulas de entendimiento, porque lo que tenemos no sirve para atender con eficacia la problemática. Revisemos si es ésta o una nueva Constitución la que habrá de ser depositaria de actuales y grandes acuerdos. No esperemos a responder después de la convulsión, es momento de trazar las bases de un nuevo comienzo.