En esta carrera a la legislatura y Presidencias Municipales en el Estado de Hidalgo no podemos decir ¡que gane el mejor¡, pues esta es una expresión muy subjetiva que se amoldará según los intereses y necesidades de los candidatos y sus respectivos equipos de trabajo; para unos, el mejor será aquel que usó con más eficacia su extenso catálogo de marrullerías para ganar simpatizantes, o quizá, el mejor para otros, será aquel que logró convencer con compromisos que después serán enviados al archivo muerto; o para otros más, el mejor será aquel que tiene una larga trayectoria de zancadillas y golpes bajos.
Tampoco es recomendable dejarnos guiar por la mercadotecnia política, pues ésta se ha convertido en una herramienta indispensable para venderle al electorado las bondades de los candidatos, mostrándolos al público como los superhombres que vendrán a salvar al Estado; y nos bombardearán con cientos de cartelones con la cara sonriente del prospecto; sonrisa que a veces parece burla a la miseria en que sobreviven miles de paisanos.
Si nos dejamos convencer de slogans pegajosos y candidatos carismáticos, lo más probable es que suframos un tremendo chasco a nuestras pretensiones de desarrollo social, pues está visto que el carisma ayuda pero no es garantía del buen ejercicio de la encomienda.
Lo más conveniente en esta carrera, que no tendrá nada de parejera, pues la caballada está bastante flaca, es que los electores, primero dejemos a un lado la displicencia que nos ha sido motivada por tanta demagogia política, y desde ahora nos hagamos el propósito de hacernos presentes en las urnas el día de la elecciones, vencer el abstencionismo es la primera meta a lograr, nuestra apatía es el alimento para los canallas y corruptos.
Pero creo que a los que “no les ha caído el veinte” es a los candidatos; sus baterías han sido cargadas, los cañones están apuntando a su objetivo, y ellos ya han empezado a disparar en su campo de batalla, y, ¡a prometer se ha dicho¡; y da comienzo la historia de siempre; los candidatos, ya saben el camino y nosotros lo damos como un valor entendido, recibirlos en las reuniones previamente concertadas, hacerles un sinnúmero de planteamientos, y ellos, a prometer la gestión que desde hace años no hemos visto llegar.
Algunos candidatos, quizá los más experimentados, son ambiguos en sus compromisos con la finalidad de evadir fácilmente la responsabilidad que representaría un incumplimiento, y por ello, cuando exponen sus proyectos para ganar simpatizantes hacen gala de la retórica para prometer sin comprometerse al decir que “en caso de que el voto popular le dé el triunfo, procurará buscar mecanismos para gestionar los apoyos que la comunidad le está solicitando, y será la voz de pueblo que hasta ahora no ha sido escuchada”
Llegando al puesto afanosamente buscado, sus resultados normalmente se quedan en eso, en simple procuración de buenos deseos, pues en buena parte de los casos, su incapacidad los pierde y son absorbidos de inmediato por las telarañas de un sistema burocrático que le proporciona privilegios y buena vida, y por lo general, el candidato ganador que en campaña se ensuciaba los tenis nuevos en sus recorridos casa por casa, jamás se vuelve a presentar a las comunidades que le dieron el voto confiando en sus palabras huecas de contenido del discurso de campaña.
Hay otros candidatos que utilizan otra estrategia de captación de votos, eficiente para el objetivo, pero peor o igualmente criticable que la ambigüedad, pues en su meta de ganar las elecciones, se ponen a prometer hasta lo que conscientemente saben que no van a poder cumplir, pero prometerlo no importa, ya luego se ocuparan por buscar un pretexto para justificar su incumplimiento, o terminarán echándole la culpa a otros, pues ese es el deporte favorito de muchos políticos.
En el País en general y en Hidalgo en particular, “el horno no está para hacer bollos”, la gente está “muy caliente” por ese hedor a mugre y corrupción que se respira en las obras cuya única explicación es una “razón de Estado”; y los honorables Representantes Populares, montados en su nube de María Antonieta, siguen diciéndole al pueblo que a falta de pan, coman pasteles.
Obras son amores, pero parece que en Hidalgo se han convertido en odio.
Arde Troya y le siguen echando más leña, la Ciudad se puede perder y me da la impresión que esa es la meta; luego entonces, al enfermo lo que pida.
“Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.”
Lic. Miguel Rosales Pérez