Cuando se cayó el Ángel de la Independencia
La Victoria Alada, Columna, Monumento o Ángel de la Independencia es un referente en la ajetreada vida de la Ciudad de México. En el Aniversario 206 de la gesta heroica hacemos un recuento del significado que tiene este sitio emblemático
EL UNIVERSAL
En nuestro recorrido de la Glorieta de los Insurgentes hacia la Columna de la Independencia, nos dimos a la tarea de sondear cómo se refieren los habitantes de la Ciudad a dicho monumento, preguntándoles si sabían cuál era la ruta más fácil para llegar. Hubo quienes nos miraron desconcertados y nos dijeron que no lo conocían. Otros, que siguiéramos hasta Paseo de la Reforma y que ahí “luego luego se veía”, y personas que con cierto dejo de extrañeza nos dijeron “¿no estarán buscando el Ángel?… síganse derecho y llegan”.
El 16 de septiembre de 1910, Porfirio Díaz inauguró la Columna de la Independencia en el marco del Centenario de la Independencia de México. Al exterior del monumento, popularmente conocido como Ángel de la Independencia, se encuentran inmortalizados en mármol Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón, Vicente Guerrero, Xavier Mina y Nicolás Bravo, acompañados por representaciones de la ley, la justicia, la paz y la guerra.
En las alturas, la escultura de Niké, diosa griega de la victoria, sujeta en la mano derecha una corona de laurel y en la izquierda una cadena con eslabones rotos que simboliza el fin de la conquista. Niké es el Ángel, que se ha vuelto testigo de cómo se va escribiendo la historia de la capital y, en algunos casos, también del país.
A lo largo del Paseo de la Reforma se edificaron monumentos para los festejos del Centenario de la Independencia, siendo el evento culminante la inauguración de la Columna de la Independencia, construida por el arquitecto Antonio Rivas Mercado, coronándola con Niké, obra del escultor Enrique Alciati.
Pero fue hasta la llegada del siglo XX que la columna conoció de cambios y modificaciones. En la década de 1920 se convirtió, por decreto presidencial, en el mausoleo de los héroes de la Independencia, cuyos restos fueron transportados de la Catedral Metropolitana al interior del monumento.
Años después, en la catastrófica mañana del 28 de julio de 1957, la ciudad amaneció sin Ángel. Niké fue abatida por la fuerza de un terremoto de 7.7 grados Richter, pasando a la historia como el “terremoto del Ángel”. Poco tiempo después la escultura fue reconstruida y recolocado. La cabeza de la pieza original se encuentra a la entrada del Archivo Histórico de la Ciudad de México.
La columna ha sido restaurada en otras dos ocasiones: después del sismo de 1985 y en 2006 para los festejos del Bicentenario de la Independencia. A su vez, se han añadido escalones alrededor de la escalinata original debido al hundimiento de la Ciudad. Todo alrededor de la Columna se hunde, menos ella gracias al sistema de cimentación con el que fue construida.
¿Se habrá imaginado Porfirio Díaz que el lugar donde hoy reposan los restos de los héroes de la Independencia se convertiría en el principal punto de reunión para la sociedad mexicana? Ahí, en la glorieta donde se erige un monumento de más de 40 metros de altura, cientos de mexicanos se concentran para ejercer, entre otras, su libertad de expresión.
“Vámonos al Ángel”. Hoy pues, el Ángel de la Independencia se afirma como uno de los sitios más famosos de la capital, y un sitio turístico para cualquier visitante de la Ciudad que, si lo programa con tiempo, puede tener la oportunidad de visitar el mirador que se encuentra a los pies de Niké.
EL UNIVERSAL platicó con María de Jesús Gloria, representante del área de monumentos de la Delegación Cuauhtémoc en la columna: “Cuando estás aquí sientes una energía muy particular, especialmente en el mausoleo, donde están los restos de 14 héroes de la Independencia. A veces llegamos a ver sombras o escuchar que algo baja de la columna, pero los que trabajamos aquí estamos acostumbrados a eso”.
María lleva dos años como encargada del acceso al mirador del monumento. Son 200 escalones los que separan la entrada y la terraza del mirador. Ella y sus compañeros han sido testigos de personas que suben sin ninguna complicación, otros que tardan mucho o auxilian a los que, a mitad de la escalera, deciden ya no subir al mirador por la falta de luz o por ataques de ansiedad.
“Recuerdo que la primera vez que subí no había mucha luz y ahí sentí la altura y el encierro. Después, la luz se arregló y se pusieron más focos, pero supongo que la misma forma de la construcción impide que se vea totalmente iluminado. Allá arriba me recibió la emblemática vista de Reforma y lo primero que pensé fue ¡wow! Además, al ver a Niké, la diosa de la victoria, pisando el suelo nacional, me dejó sin palabras. Ahora subo todos los días a checar que todo esté en orden para los visitantes”, narró.
En la explanada de la Columna había una banda de guerra integrada por niños y personas uniformadas de la delegación Cuauhtémoc. María explicó que los primeros días del mes patrio, todas las delegaciones de la Ciudad de México hacen una ceremonia donde rinden honores a los héroes de la Independencia. Menciona que le ha “tocado” presenciar la concentración de gente para iniciar una marcha y recordó entre risas la llegada de los fans de Leonardo DiCaprio para festejar su Óscar.
Como bien lo dijo María, el Ángel es un punto de encuentro. Festejos de año nuevo, de fiestas patrias o de eventos deportivos toman como escenario principal la Glorieta del Ángel. Espuma, serpentinas, banderas ondeantes, música, sombreros y bigotes de charro se hacen presentes en lo que, por unas horas, se vuelve una plaza pública y se olvida que es un cruce importante de algunas de las avenidas más congestionadas de la capital.
Pero no sólo alberga celebraciones, sino también reúne a miles y miles de personas para que den inicio —o fin— a marchas y protestas que señalan y ponen sobre la mesa problemáticas sociales que indignan, dañan o lastiman a diferentes sectores de la sociedad. En estos casos, el Paseo de la Reforma se convierte en un río kilométrico de personas que caminan de un punto de la ciudad a otro.
La Columna de la Independencia es, a la vez, el marco perfecto para sesiones fotográficas de quinceañeras, alguna pareja de recién casados o de cientos de personas que se toman una selfie desde su vehículo, el camellón central o los costados peatonales de la avenida.
En esta ciudad, existen construcciones que de tanto verlas pasan inadvertidas ante nuestros ojos. Muchas de ellas las vemos tanto en escenas de películas, postales, videos o fotografías, que a veces olvidamos que están íntimamente ligadas con nosotros y la forma en la que vivimos la ciudad que habitamos. Este viernes, la Columna de la Independencia cumplió un aniversario más impresionando con su belleza arquitectónica y el Ángel lleva sobre sus alas gran parte de la identidad capitalina, y nacional.