FMI: calma chicha
La semana pasada se llevó a cabo en Washington DC la reunión anual de los organismos financieros internacionales. Previo al encuentro, el Fondo Monetario Internacional (FMI) publicó el World Economic Outlook abril 2015, que contiene información actualizada y proyecciones de las economías de los países miembros.
Considerando la profundidad y lo extendido de la crisis económica global en curso, sorprende la “resignación” de los participantes a dicha crisis. Si bien hubo exhortos para acelerar el crecimiento global, la reunión no derivó en una agenda precisa de acciones para lograrlo. Más allá de lo declarativo, se reveló una actitud no proactiva del FMI, del Banco Mundial, de otros organismos, y de los gobiernos acerca del crecimiento. Christine Lagarde, directora gerente del FMI, expresó que ha habido recuperación, aunque reconoció que es insuficiente, y que ha sido dispareja entre países. No planteó nada más, a pesar de que el comunicado del FMI advierte que “un crecimiento potencial menor se está volviendo un reto más relevante para el mediano plazo”.
Los ministros de finanzas, cabezas de bancos centrales, y los líderes de los organismos financieros internacionales coincidieron en que no se presentan “riesgos macroeconómicos”, en el sentido de desbalances fiscales, de la cuenta corriente, y de la deuda, que estén fuera de control. La excepción es el caso de Grecia que ha sostenido una posición de incumplimiento de compromisos que ella misma adquirió, lo que provoca molestia, sobre todo entre los miembros de la Zona Euro e, incluso, que algunos que lleguen a coquetear con que quizá la salida de Grecia de esa zona sería deseable.
La estabilidad financiera mereció atención de los concurrentes, pero muy focalizada en un eventual aumento de las tasas de interés en EU. El planteamiento se concretó en solicitar a la Federal Reserve Board (Fed) que vaya preparando a los mercados para evitar un impacto negativo adicional, debido a un aumento inesperado, o desproporcionado. El reto para la Fed es “preparar” a los mercados para un aumento de tasas “calibrado”.
Hubo pocos señalamientos sobre el efecto de mayores tasas sobre la economía global. Una depreciación adicional del yuan, del yen, y del euro respecto al dólar estadounidense inevitablemente exigirá ajustes macroeconómicos de las economías nacionales, incluyendo aquellas en desarrollo. Un efecto relevante será el aumento del servicio de su deuda pública.
En lo que se refiere al precio del petróleo, la cautela fue extrema. Resistieron la tentación de hacer pronunciamientos prospectivos, lo cual se entiende por la volatilidad de dicho precio. Se señaló que “precios más bajos del petróleo están teniendo un impacto global neto positivo, si bien los efectos varían entre países”. Sorprende que se hayan ignorado las proyecciones de la Administración de Información de Energía de EU, que proyectan un aumento más o menos constante del precio del petróleo de mayo de 2015 a diciembre de 2016, así como los futuros del petróleo (NYMEX) que coinciden en anticipar un aumento de ese precio durante el resto del año (52.1 dólares por barril (dpb) hoy). Ambas fuentes ubican el precio del petróleo en 61.0 dpb en noviembre de 2015. La agencia en cuestión también pronostica que para diciembre de 2016, el precio se ubicará en torno a 70 dpb, sin considerar que conflictos geopolíticos en Medio Oriente pudiesen acelerar la recuperación de ese precio. Para todos es riesgoso hacer pronósticos sobre el precio del petróleo, pero la alternativa de soslayar una posible recuperación daña las expectativas de crecimiento de los países superavitarios en materia de hidrocarburos, como México.
El mensaje anodino que emergió en Washington podría reflejar la calma que precede la tormenta.