Azeteng tenía 25 años cuando decidió meterse en la ruta migratoria del desierto del Sahara hacia Europa, usando una cámara secreta en sus lentes para documentar los crímenes de los contrabandistas.
Era casi la medianoche cuando Azeteng se arrastraba hacia el desierto. Todo a su alrededor era oscuridad. A cien metros, un grupo de rebeldes tuareg y contrabandistas de personas, trabajaban transportando migrantes a través del Sahara, estaban reunidos alrededor de tres camiones, tocando tambores y bailando.
Azeteng huía. Unas horas antes, los contrabandistas que controlaban In-Khalil le habían quitado las gafas, solo para molestarlo, y se negaron a devolvérselas.