La Junta de Gobierno del banco de México ha decidido mantener en 3% el objetivo de su tasa de interés para este año, al considerar que la inflación se mantendrá por debajo del 3%. Desde la crisis de los errores de diciembre de 1994, la política económica se ha vendido diseñando a partir de los objetivos de inflación propuestos por el banco central; en aquel momento podría justificarse después que el aumento de los precios llegaron hasta el 54% y las reservas internacionales se esfumaron, como por arte de magia, pasando de 24 mil 649 millones de dólares en el primer semestre de 1994 a 6 mil 148 millones en el último semestre de ese año.
Lamentablemente, aunque el entorno internacional y la realidad nacional es diametralmente distinta a 1994, durante todos estos años la economía ha seguido dirigiéndose bajo las mismas reglas, salvo a las minúsculas modificaciones a la política de ingresos, en particular al Impuesto al Valor Agregado (IVA); lejos de ello, la economía ha seguido administrándose por los gobiernos del PRI y del PAN, incapaces de tomar riesgos y adecuar la política económica a la altura de las necesidades de desarrollo de México, en particular para luchar contra las causas del empobrecimiento de la población, que ha alcanzado ya los más de 55.3 millones de ciudadanos; que son las mismas que han multiplicado la inseguridad y el crimen organizado.
De nuevo México se encuentra neutralizado en su toma de decisiones en materia de política económica, entre las expectativas por el aumento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) y los objetivos de inflación del Banco de México y los enormes negocios que se amasan en el mercado del dinero, pues la inversión de cartera que ha llegado a México en los últimos años se invirtió en ese mercado, no en el accionario; y precisamente es ésta la que hoy se está yendo del país con sus consecuencias sobre el tipo de cambio respecto al dólar.
Comparado con la forma en que China ha enfrentado la crisis de 2008 y los problemas de crecimiento actuales, con plena independencia de lo que puedan hacer los Estados Unidos y Europa, México se encuentra a la espera de los movimientos de sus principales socios comerciales para actuar, sin importarle el aumento de la pobreza y la inseguridad, reflejo de una política económica equivocada.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha señalado este jueves que ahora la FED deberá esperar a ver signos tangibles de recuperación de la inflación y una nueva mejora en el mercado laboral antes de elevar las tasas de interés, y países como México deberán seguir esperando que la FED no aumente sus tasas de interés para evitar la repatriación de los capitales, lo que provocará una depreciación mayor del peso y, seguramente, una reducción de las reservas internacionales, debido a la obstinada posición de defender una paridad del peso de 16.40 pesos por dólar con que se ha hecho el presupuesto de 2016.
En el informe preliminar de la reunión de Jefes de Estado y de Gobierno del Grupo de los 20 (G20) del próximo domingo y el lunes, a donde acudirá el presidente Enrique Peña Nieto, el FMI indica que la infrautilización de la capacidad productiva y la muy baja inflación, justifica el mantenimiento de una política monetaria flexible en la mayoría de las economías avanzadas. Por lo que recomienda que no se aumenten las tasas de interés.
Este informe advierte del contraste entre la subida de tipos de interés y la nueva flexibilización monetaria en la zona euro y Japón, lo cual caracteriza como un riesgo para la economía mundial, con los cambios de la economía de China hacia un nuevo ritmo de crecimiento, menor al 7%, y el final de un ciclo de precios elevados en el mercado de las materias primas, entre ellas del petróleo.
Recordemos que la presidente de la FED, Janet Yellen, dejó en claro que probablemente podría elevar las tasas en diciembre y los economistas consultados por Reuters en los últimos días, al menos el 70%, cree que tal aumento podría realizarse a mediados de diciembre. Así que, el futuro de la economía mexicana es incierto para 2016 y lo más probable es que el peso supere los 20 pesos por dólar y el comercio internacional se vea aún más estrecho que este año.