La debilitada «premier» Theresa May está en un punto sin retorno. Haga lo que haga, parece ya inevitable una revuelta interna de sus propias filas.
Después de perder la mayoría absoluta en las generales de junio –los «tories» sólo cuentan con 315 asientos de los 650 escaños de los Comunes–, la jefa del Ejecutivo no cuenta con ningún tipo de autoridad.
Su situación plantea serios problemas ante la guerra civil que vive el Partido Conservador, donde las tensiones entre eurófilos y euroescépticos son cada vez más evidentes y amenazan con poner en riesgo la tramitación de una ley vital para el Brexit con la que el Gobierno quiere transformar en británica la actual normativa comunitaria.