
FAMILIA POLÍTICA
“Magdalena… la del corazón roto. La que no se
esconde al final, digan lo que digan los judíos o los
romanos. La que, viendo a Jesús roto, te rompes un
poco tú. Porque le quieres, porque con él has vivido
el perdón, la dignidad profunda y te has sentido parte
del círculo de quienes han compartido su vida,
sus días de camino y sus proyectos de Reino”.
Anónimo.
Debo confesar que uno de los libros de lectura relativamente reciente: “El Código da Vinci”, despertó mi interés a pesar de su origen claramente mercantilista (literatura Sanborns). Una de las ventajas de leer sin prejuicios cualquier texto, es que el juicio de valor se emite sin cargas intelectuales, sin el peso de opiniones de diferentes comentaristas que surgen de acuerdo con el éxito del libro.
Cuando leí la obra de Dan Brown, su lectura me capturó de inmediato; es cierto que comienza con la presencia de un cadáver y poco a poco, en torno a él, se va tejiendo una interesante intriga, en la cual juegan papeles protagónicos, además del Profesor Robert Langdon y la Doctora Sophie Neveu, el propio Leonardo (de Vinci), algunas de sus obras más famosas, como La Mona Lisa y La Última Cena. También el Santo Grial tiene su rol preponderante en la interesante trama.
Aunque no es del todo reconocida ni ampliamente mencionada, lo que leí acerca de la figura de María Magdalena, fue suficiente para despertar una curiosidad (tal vez malsana) en relación con este personaje, cuya controvertida personalidad la ha llevado en labios y plumas de sus contemporáneos cercanos al Rabí de Galilea. Desde la tradicional descripción de su personalidad como una prostituta arrepentida que se unió a las huestes de El Maestro y llegó a convertirse en uno de los personajes de su mayor confianza, hasta su ubicación como una mujer noble y acaudalada, perteneciente a la casa de Salomón; es obvio, no lo dice ese texto, pero lo dicen otros, que tal cercanía provocó la envidia de los apóstoles, quienes se daban cuenta del trato preferente a la mujer (El Mesías la trataba con gran deferencia, inclusive la besaba en la boca). El espíritu misógino de la época está fuertemente infiltrado en los evangelios, al grado de ignorar a uno de ellos, escrito por la propia María Magdalena.
Este asunto tiene tras de sí una historia de dos mil años. En ella se han involucrado sectas, reales o imaginarias, como los Caballeros Templarios y el Priorato de Sion, compuestas por aguerridos defensores del Santo Sepulcro e intelectuales de altísima prosapia, como el propio Leonardo da Vinci.
Uno de los objetivos principales de ambas organizaciones y seguramente de muchas más, ha sido encontrar El Santo Grial, así como vestigios y pruebas irrefutables de la presencia de Jesús de Nazaret, como ente histórico. El Santo Sudario, trozos de la cruz, evidencias de su resurrección, testimonios de sus apóstoles y evangelistas… en fin, todavía por el mundo circulan versiones de vestigios escondidos en iglesias y pequeñas capillas en Europa (España, Francia, Inglaterra…).
Además de la Virgen María, madre biológica de Jesús y de La Verónica, la presencia de una tercera mujer dominó el escenario de la crucifixión. Sí, ahí estuvo Magdalena con El Maestro en sus últimos momentos y también cerca de él en su cercana resurrección.
Para algunos estudiosos de la vida y muerte de Cristo, es posible que El Santo Grial, como objeto material no haya existido, o por lo menos no con la importancia histórica y religiosa que el cristianismo en sus diferentes ramas le atribuye. Pudiera pensarse, inclusive, que dicho objeto no tuviera una existencia real; así, la copa en la cual Jesús bebió durante la última cena, tendría solo trascendencia simbólica por considerarla un símil de la parte femenina, capaz de concebir y reproducir la vida.
Bajo este punto de vista, los descendientes del Mesías y de su esposa, podrían encontrarse en diversas partes del mundo, en todos los ámbitos geográficos; en todas las etnias, con todos los colores de piel, de ojos, de cabello. Lo mismo se puede decir su nombre en el primitivo Arameo, que en las diferentes y modernas estructuras de comunicación, que llegan hasta ahora, a la internet y a los super lenguajes de la cibernética.
La escritora e investigadora Lynn Picknett, en la introducción a su obra María Magdalena, la diosa prohibida del cristianismo, menciona una serie de circunstancias por las que atravesó, dado su carácter agnóstico y rebelde. Estuvo fuertemente influida por el cristianismo ortodoxo durante un tiempo en que perteneció a la Iglesia Anglicana, de la cual se alejó, según su propio dicho “porque me repugnaba la falta de fe de los clérigos y cada vez me ilusionaba menos ir al templo” hasta que unos estadounidenses de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (nombre formal de la religión mormona) hicieron una serie de preguntas que la sacaron de su zona de confort y la llenaron de inquietudes: “Así fue mi conversión, en ella, el mundo entero pareció renacer conmigo”.
“La mejor analogía que puedo ofrecer de tal experiencia, es el enamoramiento. Creía haberme enamorado de Jesús o al menos de la que entonces consideraba su verdadera iglesia”. Así, con una serie de altibajos por los cuales, seguramente todos hemos pasado, entre creer y no creer, también la sedujo la personalidad de la mujer de Magdala, cuya impactante figura motivó este libro, que es un bestseller y que seguramente dará múltiples satisfacciones a la autora y será una sólida aportación a la literatura de habla inglesa.
María Magdalena, como protagonista en la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret, es fascinante, no puede agotarse en un libre, mucho menos en un superficial artículo periodístico.