Renueva su gabinete
- El presidente de Venezuela aumenta la burocracia y decide apostar por la profundización de los controles en un país sumido en una profunda crisis
Al gabinete económico también llegan Miguel Pérez Abad (ministro de Industria y Comercio), Jesús Farías (Comercio Exterior e Inversión Internacional), Wilmar Castro Soteldo (Producción Agrícola y Tierras), Ángel Belisario (Pesca y Acuicultura), Rodolfo Medina (Banca y Finanzas) y Enma Ortega como responsable de la novedosa cartera de Agricultura Urbana.
Caracas.- Ni un paso atrás. La consigna, acuñada por la oposición en meses y semanas previos al golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez en 2002, podría ser parte de la apuesta del gobierno de Nicolás Maduro ahora que debe lidiar con una Asamblea Nacional en manos de sus adversarios políticos. La noche del martes anunció los nombres de los nuevos integrantes de su gabinete. Solo queda una certeza. El jefe de Estado venezolano persiste en la apuesta de un modelo de controles que ha llevado a la ruina a la nación sudamericana, campeona mundial de la inflación y con un crónico problema de escasez y desabastecimiento.
La respuesta a la crisis económica fue aumentar la burocracia; la ratificación de algunos de sus colaboradores y la completa renovación del área económica, donde destaca la creación de tres nuevos ministerios. Se trata de un cambio apenas cosmético. Maduro, que insiste en la narrativa de un conflicto entre los sectores populares y la oligarquía, que provoca la llamada “guerra económica” ha nombrado a funcionarios convencidos de que el problema no es el modelo, sino que los controles no han sido aplicados de forma correcta.
En ese grupo destaca el nuevo ministro de Economía Productiva Luis Salas, de 39 años, académico de la Universidad Bolivariana de Venezuela, quien además coordinará a todo el gabinete económico. Salas defiende la idea de que el gobierno venezolano es víctima de un ataque despiadado de los capitales locales, es partidario de los controles de precios, de persistir, como desde 2003, en la restricción de la libre venta de divisas y participa de la demonización de la empresa privada venezolana, a la que califica de “parasitaria” y “captadora de la renta petrolera”.