Se evidencian nuevas contradicciones en el Gobierno de Nicolás Maduro. La noche del jueves se conoció la destitución de la ministra de Salud, Antonieta Caporale, quien había estado a cargo de la cartera desde enero pasado. Su despido fulminante se produce apenas tres días después de que su despacho publicara un reporte que registraba un incremento en las cifras de mortalidad infantil, mortalidad materna y epidemias entre 2015 y 2016.
El documento dado a conocer el lunes es el Boletín Epidemiológico, un informe de frecuencia semanal que el Estado publica desde 1938, pero que permanecía bajo embargo desde 2014 para, según voceros gubernamentales, evitar “interpretaciones políticas”.
El boletín difundido esta semana comprende información sobre las 52 “semanas epidemiológicas” de 2016. Las estadísticas muestran que la mortalidad infantil aumentó 30%, mientras que la materna saltó a un 65%.
Una enfermedad erradicada hace dos décadas, la difteria, reapareció en el territorio nacional, con un poco más de 300 casos. El paludismo se ha vuelto endémico con casi un cuarto de millón de casos.
No han trascendido las circunstancias políticas que permitieron que esa información circulara, y si respondió a una determinación deliberada. En cualquier caso, queda claro que le ha costado el puesto a la ministra Caporale. No es, sin embargo, lo que dice el decreto 2.448 de la Presidencia de la República, donde se designa a Luis López Chejade como nuevo ministro de Salud.
El nuevo ministro de Salud es farmacéutico y se desempeñaba desde 2012 como director regional de Salud del Estado de Aragua cuando el hoy vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, era gobernador de esa provincia.