Home Deportiva LUPITA GONZÁLEZ ENTRA A LA HISTORIA DEL DEPORTE MEXICANO

LUPITA GONZÁLEZ ENTRA A LA HISTORIA DEL DEPORTE MEXICANO

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Tras 16 años de ausencia en un podio olímpico, la mexiquense ha vuelto a colocar a la marcha azteca entre las mejores del mundo

Guadalupe González, con su plata de ayer, ha revivido a la marcha mexicana en Juegos Olímpicos. Un deporte que hasta hoy había sido ganado únicamente por hombres.

Tras 16 años de ausencia en un podio olímpico, la mexiquense ha vuelto a colocar a la marcha azteca entre las mejores del mundo, además de darle a nuestro país su décima presea en esta disciplina.

A pesar del rezago que enfrenta la marcha femenil mexicana –pues en sus inicios (1964) en nuestro país, las mujeres no podían practicarla–, Guadalupe, oro en la Copa del Mundo de la especialidad disputada este año, se convierte en la más exitosa en la historia de la marcha femenil de México.

Fue hasta Sidney 2000 cuando las mujeres mexicanas debutaron en caminata, con Guadalupe Sánchez, quien logró un decoroso sexto lugar.

Los hombres mexicanos que han alcanzado el podio son: José Pedraza, plata en 20 km en México 1968; Daniel Bautista, primer oro olímpico en 20km, en Montreal 1976.

En Los Ángeles 1984, Raúl González, se convirtió en el único mexicano en lograr dos medallas en unos mismos Juegos: plata en 20km y oro en 50km; mientras Ernesto Canto obtuvo el oro de 20km, en esa misma justa.

En Atlanta 1996, Bernardo Segura se quedó con el bronce en los 20km; mientras Carlos Mercenario se colgó la plata en Barcelona 1992, en la prueba de 50km.

Joel Sánchez y Noé Hernández (finado) lograron bronce en 50km y plata en 20km, respectivamente, en Sidney 2000.

UN POCO DE LA VIDA DE MARÍA GUADALUPE

María Guadalupe González no lo sabía, hasta que empezó a comprobarlo paso a paso. Hace cuatro años ni siquiera sospechaba que iba a competir en la caminata de 20 kilómetros de Río de Janeiro. Su vida deportiva se había enfocado en el boxeo y las carreras de vallas, pero una cadena de hechos la puso en la disciplina de las piernas resistentes y caderas que se mueven con gracia.

Desde entonces su carrera ha sido un éxito, pero se debe tener paciencia. Antes de los récords nacionales y de la plata olímpica, la historia comienza en un ring de Tlalnepantla, Estado de México. Guadalupe, gran aficionada al boxeo, decidió ponerse los guantes cuando tenía 12 años. Tenía un buen recto, aunque, decían sus entrenadores, su gancho era todavía mejor. Empezó a ganar competencias municipales, regionales y llegó a los Guantes de Oro. Ahí también dominó a sus rivales y se clasificó para la gran la final. Esperó la gran noche que, pensaba, la iba a acercar a la gloria deportiva. Sin embargo, las noticias de su entrenador fueron tan duras como un gran golpe “No podrás pelear. No das el peso. Estás demasiado delgada”. Guadalupe, resignada, aceptó la decisión. Los kilos siempre habían jugado en su contra. Las peores noticias llegaron después, cuando se enteró que la esposa de su entrenador fue quien subió al ring para intentar ganar el título. El resultado ya no importa. Lo único que se recuerda es que la chica de Tlalnepantla decidió dejar el boxeo.

Empacó las decepciones y cargó sus ilusiones deportivas hacia el atletismo. Algo le decía que tenía la capacidad para participar en los Olímpicos. Lo intentó en los 400 con vallas, pero nunca fue la más talentosa en la pista. Su complexión delgada no le permitía tener la explosividad suficiente para una prueba que requiere de mucha velocidad y una depurada técnica para librar los obstáculos. No hubo éxito, sin embargo, su espíritu combativo no asimilaba las negativas. Fue persistente, hasta que una grave lesión en la rodilla la alejó de las pistas y del deporte.

Sin embargo, se sobrepuso y descubrió que la marcha era su talento. Hoy es medallista en Río, gracias a su ímpetu y perseverancia.