
LAGUNA DE VOCES
Al paso del tiempo, muy poco en realidad, cada día nos importa menos la guerra de Ucrania. El bombardeo “informativo” ha sido incluso más fuerte que el de cohetes, para dejarnos con cara de interrogación sin entender, sin saber qué pensar y no tener la certeza si repetimos la misma actitud de los que después se sorprendieron y rasgaron sus vestiduras por lo que había hecho Adolfo Hitler. La realidad es que ni entonces, ni ahora, podríamos hacer algo real, contundente, porque los que deciden son otros, y siempre todos se visten de adalides de la verdad, la democracia, la justicia, igualitos a ese personaje que se pone los calzones encima de las mallas. Todos los que tienen en sus manos una solución resulta que se visten también con los calzones encima de las mallas. Es decir que no harán nada que atente contra sus intereses, su fama legendaria de ser los buenos eternos de la misma historia.
Seguramente se nos complica más la conciencia porque la saturación “informativa” nos trae la historia de los que efectivamente sufren, pero de paso redescubrimos que un viejito que anda más bravo que un león, llama criminal a su contrario, lo amenaza, pero en ningún momento toca la posibilidad de negociar el paso del país en disputa a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y permitir que sea neutral, ni con melón, ni con sandía.
No será así, porque la disputa eterna por ver quien “se apodera el mundo, conquista al mundo, esclaviza al mundo”, con todo y que pareciera el objetivo único de Cerebro a pregunta expresa de Pinky sobre lo que hará cada noche de su vida animada.
De algún modo somos dibujos animados de ayer y de hoy, con la misma incapacidad para hacer nada a favor de los que siempre sufrirán los odios de criminales, la indiferencia de los que se indignan en público, pero no hacen nada si sus intereses, siempre económicos, están en peligro.
Somos una sociedad en la que siempre mandan otros, en la que siempre deciden otros, en la que siempre viven otros y mueren los que simplemente están condenados desde su nacimiento.
Y lo peor es que como parte de un escenario en el que nuestros papeles han sido asignados desde la misma eternidad, pronto nos olvidaremos de lo que pasa “allá, lejos de México”; los informativos descubrirán que ha dejado de ser rentable hablar de una guerra que debió haber sido parada desde hace mucho, si de verdad lo hubieran querido los que mandan, los que así lo deciden.
Pero no. La lucha es la misma desde el origen del mundo, la del poder, la de Pinky que le pregunta de Cerebro, “que vamos a hacer esta noche”, y éste contestará siempre, hasta el fin de los siglos: “Lo mismo que hacemos todas las noches Pinky, ¡Tratar de conquistar el mundo!”.
Y sí, todas las noches, todas las mañanas, todas las tardes, hacen lo mismo, harán lo mismo.
Mil gracias, hasta mañana.
jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico
@JavierEPeralta