Fácilmente identificables por su ajustado gorro rojo y su manta al hombro, decenas de limpiadores de orejas profesionales desafían el paso del tiempo en las calles indias, donde escarban sin pudor en oídos ajenos para ganarse el pan con una profesión en decadencia y poco agradecida.
Mohammed Haneez introduce una fina barra metálica en el oído de un hombre de cara preocupada, la gira repetidamente y, pasados apenas dos minutos, extrae un enorme tapón de cera que muestra con orgullo a su cliente en un céntrico bazar de Nueva Delhi.
Como únicos utensilios dos palitos metálicos, que lleva sobresaliendo de su gorro para poder sacarlos con rapidez. En un pequeño zurrón bajo la manta: algodón, «medicina» y aceite de mostaza para reblandecer la cera.
“Cada vez hay menos porque se gana poco y estamos en la calle», destaca Zakir, quien alega que ese es el único oficio que sabe desempeñar.
Considera su trabajo «un talento», pero tiene claro que no es el futuro que quiere para sus cuatro hijos, asegurando que les animará a «estudiar».
«Si tuviese dinero montaría un negocio de ropa», reconoció Haneez en Connaught Place, aunque asegura que le «gusta» limpiar los oídos de sus clientes, entre los que a menudo se encuentran turistas divertidos por la peculiaridad de la estampa. (Agencias)