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Letras y Memorias

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¿Un milagro?

Se escucha a lo lejos un maullido que aturde, que no cesa, porque el casero ha dejado la puerta cerrada y arrecia la llovizna. El maullido se prolonga durante un par de minutos más y finalmente desaparece en la lejanía del inmueble de dos pisos. 

Más lejos aún, en una suerte de hogar celestial, aunque utópico, está reunida una familia que comparte los alimentos y las carcajadas en medio de una tarde fría, donde la niebla baja de a poco y el café con pan se vuelven dulces acompañantes durante aquella tarde de invierno serrano.

Lo cálido de ese hogar que muchos pueden vivir sólo en sueños, contrasta con la baja temperatura exterior, contrasta con la frialdad de un mundo que hoy no sabe cómo despedir a sus muertos y que tampoco sabe cómo recibir a quienes nacen; ese huevito donde a la mesa se han sentado un puñado de personas, me parece bien diferente de lo que existe afuera… 

Y entonces, con un vistazo más profundo, uno descubre a la lejanía que en aquel sitio no hay nombre ni rostros, sino deseos y anhelos, sueños, metas y caminos; en ese sitio hay sonrisas y hasta ojos cansados, hay días grises, días malos… hay de todo por racimos, aunque uno, desde afuera, vea apenas un puñado.

¡Magnífico! Magnífico cómo es que la vida te cuenta historias dentro de un plano histórico tan vasto como el que hace más de un año vive el planeta. Y es que, ¡cómo no asombrarse! Si los milagros suceden a diario y no tienen que ver con estatuas llorando sangre o muertos revividos; más bien los milagros ocurren cuando la vida te premia con escenas como la de aquella casa, en donde los alimentos se hacen con el corazón y la fe se tiene puesta en que mañana se podrá ser mejor que hoy.

Yo, a lo lejos todavía, sigo observando los rostros que ocupan espacios específicos en ese hogar, rostros que reflejan ambiciones nobles y que persiguen estrellas incluso por las mañanas. Uno se pregunta si realmente lo que hay frente a los ojos cansados es producto de la realidad o sólo una de esas fallas en la matrix, porque no da crédito de que en este plano tan caótico que se vive, aún existan soñadores que dormidos o despiertos, se guíen por el fuego de sus corazones.

Se van acabando los minutos del día, arrecia tenuemente el frío y maulla de nuevo el gato. Se consume otro cigarrillo entre los labios y la diestra. Las ilusiones hechas personas de a poco van cambiando su semblante por uno más pasivo, con seriedad pero sin secar la emoción de sus miradas, y entonces se cierra el telón y la algarabía de minutos previos tiene ahora la pesadez de una despedida, de un abrazo distante y de unos cuerpos que estando allí, quieren quedarse aunque realmente deban marcharse.

El deslizador plateado abre sus puertas, enciende el motor y se dispone a abandonar ese sector de este mundo, y “abandonar” por decir algo, porque realmente sabe que cuando exista la oportunidad, tendrá que saberse listo para retornar y ver los sueños cumplidos de todos ellos, quienes aunque hoy se ven apretados por retos diarios, mañana sabrán vivir agradecidos por ver sus milagros cumplidos.

¡Hasta el próximo miércoles!

Postdata: Un milagro sólo funciona cuando es uno mismo quien lo cree, lo trabaja y lo vuelve real, sin tener que rezar.

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