Blue eyes
El tiempo suele brindar lecciones, unas acompañadas de tormentos eternos como el llegar al Paraíso y rodearse de gente aburrida; y otras más sencillas como recibir mordidas y zarpazos que te reparan la vida.
Cuando suelo hablar o pensar sobre el concepto del tiempo, termino siempre por evocar episodios de la serie Dark y esa infinidad limitada que ofrece que una u otra cosa, sean producto de la imaginación y caprichosamente, del tiempo.
El tiempo es ese gobernante eterno que un día de pronto existió y que así sin más, se apoderó de todo, justo como mi gato, que un día llegó a este plano con esa mirada cegada por el parto, y tres años después yace reinando mi mundo con sus diamantados ojos azules que son más intensos que el cielo y más profundos que un océano.
Porque sin buscarlo me lo he encontrado, o quizás fue él quien me encontró a mí, al final del día y sin importar las mordidas y heridas causadas por las garras, nada resulta más cierto que esa bola de pelo apareció cuando debía hacerlo, ni antes ni después sino en el momento exacto, y por ello esos ojos azules son un milagro del Dios Tiempo.
Una mañana de pronto se anidaba en cajas pequeñas, y con el paso de los días y el alimento en la barriga, mi amo ya no cabía en el escritorio ni en la bolsa de mandado donde a veces se escondía.
Por lapsos, cuando la noche invernal cobraba factura en los huesos, el minino se subía al pecho mientras uno intentaba dormir, y ronroneaba, ronroneaba como para transmitir calor o asegurarse de que el frío no nos hubiera mandado al otro mundo, porque si llegaba a faltar el esclavo, ¿quién diantres pondría comida en su pequeño plato?
De mi gato he aprendido que la soledad es sabia consejera y que la compañía se valora más cuando el encierro o la lejanía nos juegan una mala pasada. He aprendido que no importa cuán vacía esté una habitación, porque lo único cierto de esa oración es que de nosotros depende ver oportunidades donde otros observan sólo huecos.
El tiempo y un gato, enseñan que aún cuando las manecillas del reloj se mueven a un ritmo endemoniado y el calendario nos obliga a arrancar uno tras otro los días, siempre se puede pausar todo un momento, dejar los deberes y sentarse en el sillón preferido para ver televisión mientras el minino amasa en nuestras piernas y acurruca sus deseos y sueños en el lugar más cálido y seguro para él, para nosotros.
Luego de tres años con mi amo de mirada azul y elegancia en sus pasos, entiendo que el tiempo bien podría ser una suerte de reflejo de mi gato; pues aquello que no se logra domar ni domesticar, siempre llevará los aires de libertad en el pelaje, y de vez en vez dejará que la mano se pose sobre él para mostrarle amor y lealtad, justo como el tiempo que a todos nos vence y a todos nos conquista, pero que muy esporádicamente, nos permite ser parte de él y volvernos uno con las arenas que caen lentamente.
El tiempo y mi gato son parecidos porque ambos sanan, porque en los dos entes divinos existe la cura a las heridas que el pasado va dejando; son parecidos porque las manecillas de uno enaltecen la mirada azul del otro.
¡Hasta el próximo miércoles!
Postdata: Gracias por tres años celestiales y bestiales, que el Dios Tiempo me permita tenerte muchos ciclos más.
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