Yo quiero (ser) un héroe
Un arbolito cargado de adornos, se ubica justo en el medio de ese hogar que alberga el frío del recién iniciado invierno, pero entre mimos de un pequeño rey de mirada azul y con la compañía de la trinidad divina, el calor se mantiene y nos adhiere a nuevos sueños que nos mandan a dormir luego de la cena.
Se cierran los párpados y en esa oscuridad de la recámara sin luz, y los ojos viendo el interior nuestro, destellan unos cuantos momentos que no sabemos si son ciertos o producto de algún anhelo, de ciertos deseos.
Como cuando niño, uno vuelve a crear en su cabeza esa definitiva escena que marcaba a generaciones privilegiadas; uno recrea esa exaltación que significaba asomarse en intervalos constantes por la hendija de la puerta, esperando que de pronto ya estuvieran bajo el pino navideño los regalos encargados al mítico y regordete Santa Claus…
Se tenían ilusiones diferentes en aquellos días, o más bien las ilusiones eran simples en comparación con lo que soñamos hoy, este 23 de diciembre, en que apenas contamos los días que aún le quedan a este año tan funesto, lleno de tantos y tantos aprendizajes.
Hoy día, el adulto que recuerda sus peticiones navideñas y los regalos que recibía, espera apenas recibir un espacio para poder respirar sin necesidad de preocuparse por el ambiente, buscamos libertad aunque sea en los rincones más minúsculos, irónicamente queremos -quiero- un nuevo huequito en este mundo donde todo sea más llevadero y menos preocupante.
Es pues, una época distinta que justamente se celebrará de forma distinta, ya que allá afuera sigue el enemigo público del planeta, un asesino que al inicio era silencioso pero que después comenzó a jactarse de sus desventurados logros y, apenas en fechas recientes, incluso ha mutado, como si se tratara de un personaje de cómics.
Allá afuera las cosas son tan caóticas que incluso dentro de nuestros hogares se respira con cierta incertidumbre pero, con la certeza de que nada es permanente y todo pasará. Porque lo que hoy nos hace daño, pero no logró matarnos, nos hará tan fuertes como para tornar real ese ideal del humano que todo lo puede, que gana sus batallas sin espada ni coraza y que, al mismo tiempo en que vence sus monstruos, se torna más empático y sensible hacia quienes menos tienen pero más necesitan.
Seamos entonces ese súper humano que al igual que el virus, también mute, pero mute en positivo y pueda ser el nuevo héroe o heroína que un mundo en decadencia necesita. Pueden y de ustedes depende elegir si usan la ropa interior por fuera o se quitan la capa para no atorarse con ella, pero lo que no debe quedar sujeto a elección sino que tiene que darse por convicción, es el cambiar este mundo un paso a la vez.
Seamos pues, el héroe que desde su trinchera hace un bien por su colonia, por su oficina en el trabajo y por su región y país, porque ese sería el mejor regalo que podríamos dejar en los árboles de las casas que ya han sufrido mucho este 2020, y que aún no terminan de superar los rezagos que han causado unos cuantos, en las rutinas de muchísimos varios.
¡Hasta el próximo miércoles!
Postdata: ¡Feliz Navidad a todos ustedes, que me soportan cada semana desde sus casas! Que los dioses los bendigan y los guíen en sus caminos de héroes y heroínas.
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