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Cosmonauta de un sueño. Vol. II

Bitácora del viajero: Dasha 17-X resulta un espacio peculiar y muy interesante. El cosmonauta que hoy les escribe de nuevo, apenas se ha recuperado tras una terrible congestión “pozólica”, noches de desvelos irracionales y paseos simples por las calles agujeradas de esta superficie a la que muchos se refieren como “La Capital del Paste”. 

Me he encontrado con lunas embriagantes que de la nada desaparecen tras espesas nubes y en el negro apurpurado de una noche larga que encierra en sus murallas a los habitantes de este mundo. El último mes fue así, de tal forma que al circular en el deslizador plateado en que llegué, lo que veo son destellos apenas vivos de una normalidad que solía disfrutar esta gente que hoy por temor y seguridad, sale con cubrebocas y con la chispa de la mirada intentando comunicar sentimientos y emociones, sin aparente resultado hasta ahora, pues muy complicado es sonreír sin la ayuda de los labios o el alma. Hace falta inventar un detector de alegrías, porque conforme avanzan los días, parece que esto de ser feliz retorna y se va, como la marea que desnuda las playas que hay más allá del Reloj Monumental.

En Dasha 17-X la gente parece atenida a que una especie de voz suprema les dé órdenes y, si esas órdenes les generan incomodidad, entonces buscan que una nueva voz sea la guía; parece que eso del “libre albedrío” que los dioses nos entregaron hace milenios, se ha perdido porque es más sencillo ser seguidor que guía, resulta cómodo entonces que, si alguien de este mundo extrañísimo enferme de cualquier cosa, se culpe al caudillo en turno y se haga creer que la responsabilidad individual no habrá de repercutir en lo colectivo.

¡Mala suerte para quienes sí se tornan conscientes! Me temo que en Dasha 17-X la gente razonable vaya a ser devorada por las hordas de fanáticos que con imágenes de amigos imaginarios, combaten una tiranía que los tuvo cegados durante años, y justo hoy han decidido ver.

Este mundo a veces causa tedio, no me sorprendería que para días futuros opte por salir de la contaminada atmósfera sólo para respirar mejor, y liberarme de esa angustia y aflicción que causa ver las calles llenas de niñas y niños vulnerables, o de las soleadas tardes siendo desperdiciadas viendo una caja que transmite basura, cuando lo idóneo sería explorar nuestro interior y entender que a veces parecemos simples experimentos, cuando en realidad somos una extensión de este universo finito que de un momento a otro habrá de reinventarse.

A veces me canso de explorar estas calles símiles a los cráteres de la Luna que abruma las noches en mi planeta; a veces me canso de muchas cosas, de sentirlas al grado de humedecer con lágrimas el traje que me mantiene vivo en esta atmósfera. A veces, sólo a veces quisiera cerrar los ojos y, al abrirlos, vivir en ese mundo utópico que yace en mi cabeza, pero muchas veces los milagros consisten en seguir respirando aún en medio de una pandemia, y otras veces, los milagros llegan cuando no lo esperas, pero si lo necesitas.

¡Hasta el próximo miércoles!

Postdata: A veces el mejor lugar del mundo, es estar fuera de este para inventar uno propio.

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