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Letras y Memorias

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Días como estos

Con el bochorno de medianoche uno llega a ese mágico lugar que lleva la esencia nuestra en cada una de sus calles y árboles.

Las manos se abrazan a ese clima húmedo que hace maquinar en la cabeza la esperanza de salir a respirar el fresco y sentir el toque del astro rey.

Y aún con todo y la pandemia, quien escribe se siente alegre por transportar el alma a casa, porque en días como estos, se desea lo infinito; se desea comer en los mercados y cenar en las calles del centro, nadar en los lagos y caminar en medio de la naturaleza hasta que las piernas se fatiguen y los zapatos se desgasten.

Claro está que nada de eso se ha cumplido porque se debe ser responsable en momentos de alto riesgo pero, vaya que se agradece el poder sentirse vivo en el lugar donde uno vio por vez primera la luz de este mundo bipolar, con su crueldad e injusticia, pero con esa benevolencia y pureza que ningún otro espacio podría ofrecernos.

Y radica la magia en que cada espacio de mi querido Huauchinango, tiene destellos de aquello que uno añora cuando el insomnio se aloja en la mente y mantiene abiertos los párpados nomás mirando hacia el techo.

Estando en casa uno puede olvidarse del estrés y las cifras abrumantes de un enemigo invisible que nos cobra factura todos los días, pues confiamos en que, en ese lugar al que le decimos “hogar”, nada en este universo nos dañe, y mucho menos, nos agobie. 

Y puede que eso ocurra al menos como una suerte de efecto placebo, como ese símil que tiene la gente de fe, yendo a sus congregaciones a sanar con el poder de la mente, y no porque un ser mágico de condiciones celestiales, realmente obre en los pesares de quienes le rezan.

He redescubierto el poder de situarse en un lugar, lo noté cuando me amaneció el viernes y los rayos del sol besaron mi mejilla y el azul del cielo puso una sonrisa en mi rostro; la paz radica en los regalos que nos son entregados a diario incluso cuando todos ellos pueden ser producto de la rutina, de cada nuevo día que a algunos les parece exactamente igual que el anterior y el previo a este, pero que en los ojos correctos, tiene nuevas maravillas si vemos en la dirección correcta.

Y la compañía ideal es la que nos elige incluso a través de una pantalla, a la distancia y por medio de mensajes; la compañía ideal es aquella que recibe con gracia las fotografías del hogar y por un breve momento, nos indica que quiere ser parte de, que quiere estar y que acompaña los pasos a lo largo y ancho de ese umbral.

Es como si este descanso necesario para regresar a la “Nueva Anormalidad”, fuera más de lo solicitado a los dioses, y nos entregaran verdes campos y el canto del cenzontle mientras contemplamos el lago en su enorme quietud y frescura.

Es como si este descanso nos llevara a una nueva vida, una donde las ausencias se reparan con arribos nuevos y donde las penumbras de la noche se iluminarán con la chispa adecuada, que existe en otro espacio y de repente apareció, como ese deseo infinito de cantar una canción y dedicar el arte que los sentidos degustan.

¡Hasta el próximo miércoles!

Postdata: Nos veremos de nuevo, pero juntos, en este hogar mío o en el tuyo.

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