Home Nuestra Palabra Prisciliano Gutiérrez LAS MEMORIAS Y LA MEMORIA.

LAS MEMORIAS Y LA MEMORIA.

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“Tres cualidades indispensables

debe tener un escritor.

La primera es una gran memoria.

Las otras dos… ya no me acuerdo”.

PGH.

 

Bernal Díaz del Castillo (1492-1585) fue un soldado que, muy joven, colaboró con Hernán Cortés en la conquista del Imperio Mexica.  Con absoluta confianza en su gran memoria (el Alzhéimer aún no se descubría), a los ochenta y cuatro años escribió su monumental Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, la cual se publicó cincuenta años después de la muerte del autor.

 

Esta crónica se considera, hasta la fecha, un clásico en su género, aunque es también objeto de críticas, en relación con su discutible apego al rigor metodológico que toda investigación seria exige.  La pura memoria de un hombre en plena senectud, no es fuente de gran confiabilidad (¿Verdad, Roberto Pedraza?).

 

Dicen, los que de esto saben, que todo libro, particularmente en el género narrativo, contiene vivencias autobiográficas, aún de manera subliminal.  Así, Don Bernal, al escribir la “verdadera” historia de la conquista, en realidad dejó para la posteridad, “su” verdad; apreciación subjetiva, no la narración objetiva de hechos acaecidos muchos años atrás.

 

Escribir “Memorias” es, a mi juicio, obligación de hombres y mujeres que logramos vivir más de medio siglo.  La experiencia, y aún el morbo, pueden servir para que las nuevas generaciones, tomen lo bueno y desechen lo malo de vidas cuya única virtud, tal vez, fue la de nacer primero.

 

Las Memorias de un personaje pueden ser escritas por sí o por sujeto diferente.  Generalmente se utiliza, el punto de vista del narrador protagonista; esto es, primera persona del singular.  Aún en el género biográfico, el autor se mete en la piel y en la circunstancia de su personaje.  Ejemplos sobran: Margarite Yourcenar, confundió su personalidad con la del Emperador Adriano para hacer las entregas periodísticas que, después, en forma de libro constituyeron (hasta la fecha lo son), auténticos éxitos bibliográficos.

 

Margaret George dio a luz las “Memorias de Cleopatra: La Reina del Nilo”.  Mujer cuya extraordinaria Belleza, envuelta en oro y piedras preciosas, ocultaba inteligencia y poder de manipulación fuera de serie.  Seductora infatigable enloquecía a los hombres; hábil estratega, supo jugar sus cartas y liberó a Egipto del yugo romano.  La autora, también en primera persona, permite escuchar en boca de la propia Cleopatra, su verdadera historia.

 

Taylor Calwell, hasta en el título, asumió el Yo, cuando sumó a Judas Iscariote, a la lista de personajes inmortales de sus excelentes novelas (Marco Tulio Cicerón en La Columna de Hierro; Aspasia, la amante de Pericles en Gloria y Esplendor; Gengis Kan en La Tierra es de El Señor…).  En Yo, Judas, como recurso literario, recurrió a un monje (real o imaginario) que en un manuscrito, el cual milagrosamente se salvó de las llamas en la Biblioteca de Alejandría, descubrió las memorias del apóstol y decidió cambiar la imagen evangélica del pobre ladrón que por treinta monedas vendió a su Maestro.  Según esto, El Iscariote, era rico y de noble cuna.  Por amor, al Mesías vivió en la pobreza.  Su aparente traición, no fue tal, hubo un motivo superior pero… ese es otro cuento.

 

Steffan Swift recreó con magistral pluma la vida de Fouché, El Genio de las Tinieblas, tenebroso político quien, gracias a su refinada diplomacia (hipocresía) y total carencia de valores logró sobrevivir a todos los enormes personajes de la Revolución Francesa, incluyendo al propio Napoleón Bonaparte.  Según Swift, Fouché fue la encarnación de la maldad.

 

En Latinoamérica, una verdadera joya en prosa, regaló a la humanidad el poeta Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, mejor conocido como Pablo Neruda, quien antes de ganar el Nobel de Literatura redactó sus memorias bajo el título Confieso que he Vivido, después, para complementar su autorretrato, publicó más aspectos desconocidos de su vida en: Para Nacer he Nacido.

 

Antes, José Vasconcelos se autobiografió en su libro Ulises Criollo, el cual narra las aventuras del personaje durante sus primeros treinta y tres años de vida, hasta la chacalada de Victoriano Huerta.

 

Gonzalo N. Santos, “El Alazán Tostado”, célebre cacique potosino, autor de la cínica frase: “la moral es un árbol que da moras”, en el grueso mamotreto: Memorias: una vida azarosa, dejó constancia de sus andanzas.  Su texto está, lleno de exageraciones y “huastecadas”.  No hubo batalla que él no peleara ni muerto que no matara.

 

El ex Presidente José López Portillo, en dos gruesos volúmenes, publicó sus experiencias bajo el título Mis Tiempos.  Don Alfonso Corona del Rosal también llevó a la imprenta sus Memorias.  A mi juicio no dijo lo más trascendente en la parte de historia de la cual fue poderoso protagonista.  Mi admirado Maestro, Don Rafael Cravioto Muñoz, realizó un tímido intento en Memorias de un Adolescente…  Bueno, hasta mi amigo, uno de los célebres caciques de Tepatepec (hoy protegido por el INAH como especie en peligro de extinción), Don Raciel Vidal Cortés, se atrevió a dejar testimonio biográfico en La Tesis de mi Vida.

 

Tal vez valga la pena perder la vergüenza y comenzar a escribir al respecto, antes de que el Alzheimer nos alcance.

 

P.D. En el artículo anterior mencioné al GIEI, como Grupo de Especialistas Argentinos.  Pido perdón por la confusión.

Abril del 2016.