LAGUNA DE VOCES

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Solo la muerte y el amor nos igualan

Si algo hemos aprendido de la pandemia, es que la muerte nos iguala a todos; que ningún régimen por muy justiciero que sea habrá de lograrlo, pero cuando se exhala el último aliento quedamos en mismas condiciones se haya registrado el fallecimiento en una cama con sábanas finas, un catre, la acera de la calle o el mostrador de una cantina. No hay diferencia alguna y por vez primera comprendemos que el Dios de Spinoza no preguntará por lo que logramos atesorar o acumular en riquezas, sino qué tal la pasamos en el universo que construyó exclusivamente para nosotros. Y pasarla bien implica no haber lastimado a nadie, o cuando menos haberlo intentado con sinceridad real. 

Difícilmente nos mandó para impartir justicia, porque además lo que para unos es un asunto justiciero, para otros no lo será. Supongo que habrá previsto que nadie tendría la osadía ni la tendencia absurda de querer apoderarse de todo lo que pusieran a su paso, porque es una tarea inútil y porque solo los tontos podrían creer que en una existencia finita tendría algún sentido actuar de esa manera.

Así que nos vamos igualito que como llegamos y eso sí, cada cual tendrá su estilo y forma de esconder el terror que desata el apagón de la muerte.

Pero bueno, por eso resulta tan importante contar con todas las opciones para no tontear cuando se nos pida un resumen sumario de lo que, a nuestro juicio, implicó que la vida tuviera sentido.

Es un lugar común, es cierto, pero luego de tanto tiempo nadie ha podido modificar la certeza de que el amor es la tarea más importante y urgente que asumimos desde el momento en que nacemos, que nada debe distraernos de hacer efectiva esa vocación.

La muerte nos iguala, el amor nos hace únicos, célebres personajes del universo que regularmente se reduce a un grupo minúsculo de personas a las que amamos y nos aman, porque tampoco es asunto de querer ser los reyes amorosos del universo en sentido literal.

Hoy es Nochebuena. Espero que con todo y que a no pocos les trae recuerdos amargos porque algún ser querido escogió estas fechas para despedirse, acepte que es un día especial, y en ese sentido será de vital importancia traer a la memoria los años en que esa persona celebró con tanto gusto la fecha.

Algún día seremos recuerdo, espero que bueno por lo menos en las personas que amamos con absoluta honestidad. Con eso será suficiente.

Porque, ya se lo dije, difuntos somos igualitos, sin ninguna diferencia se haya logrado la gloria terrenal o no. 

Por todo lo expuesto le pido que no se espante ante la posibilidad que el virus nos caiga encima y apure la despedida que empezamos a ensayar cuando nos asomamos a los 60 años. Finalmente nadie se puede ni quiere escapar del destino que tiene fecha exacta para cargar con nosotros.

Mejor abrace hoy por la noche a sus seres queridos, es decir, haga como que los abraza de lejos o de cerca si ya tienen certificado que garantice que no cargan con el Covid-19 en sus hombros. Dígales a cada uno que los ama, que los quiere, que nunca una celebración navideña podría ser igual sin su presencia, y que cuando alguno falte, no faltará, porque el amor une el recuerdo y el recuerdo es presencia y la presencia vida.

Así que Feliz Nochebuena, Feliz Navidad y por acá nos reencontramos el lunes 28, justo el Día de los Santos Inocentes.

jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico

@JavierEPeralta