HOMO POLITICUS
El gobierno mexicano no parece tener respiro pese a que intenta por medio de la detención de líderes del crimen organizado, catapultar la imagen no sólo de un Estado hacendoso a nivel de seguridad, combate a la corrupción e impunidad, así como a la transparencia.
Pero, mientras las acciones del Estado se apuntan como grandes éxitos, la percepción interna y externa del país, sólo apunta hacia el fracaso del Estado, donde lo fatídico estriba en que parece no tener el control de la realidad, al menos no en las materias que deben ser sus tareas.
La ONU, ha señalado en palabras de su visor especial para México, Juan Méndez, que la tortura es una práctica generalizada en los cuerpos de policías así como en las fuerzas armadas, pronunciamiento que hace meses atrás había señalado y que hoy vuelve a refrendar. Este pronunciamiento no es cosa menor, porque nuevamente pone en entredicho la campaña mediática con la que el gobierno pretende hacer visibles sus posibles logros y ocultar las zonas que hasta ahora no le resultan favorables, cuestión, cuya lógica se erosionó hace mucho tiempo, más allá de Ayotzinapa y más allá de este sexenio.
Se destaca en las prácticas de la tortura por las fuerzas del orden público, que son constantes y que tienen ya una lógica instrumentada, es decir, prácticamente a todo el que se le detiene por un delito se le madrea, sea culpable, presunto culpable, inocente o presunto inocente, según sea la óptica de quien te detiene.
La ONU retoma datos duros como lo expresado por el CIDE, que ha señalado que el 57% de los detenidos en un centro de reclusión federal afirman haber sido torturamos, mientras que el 34%, señaló que fue obligado a cambiar su declaración; cuestión que suena como el viento a algo que ya hemos observado sin ser expertos ni laborar en el CIDE.
¿Quién no ha oído que al que detienen no lo han madreado, ofendido, extorsionado o querido extorsionar, amenazado e incluso, agredido de alguna forma?, entonces es cuando se cacarea la canción de los derechos humanos, que suele estar tan ausente que para que se contemplen te tienen que madrear, desparecer o matar y sólo en ese momento, -si es que alcanzas notoriedad-, es cuando se investiga el caso.
El Visor Juan Méndez externó algo lapidario que no es un juego de palabras, dijo: “En México se detiene para investigar, no se investiga para detener”, cuestión lapidaria y tan cierta que de seguir la realidad así, pronto ya no habrá a quien madrear.