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La tarea de (re) educar

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Letras y Memorias
    •    “A pesar de lo que les digan, las ideas sí pueden cambiar el mundo”. John Keating


Cuando niño -y puberto también-, tuve el privilegio de ser pupilo de enormes docentes. guías, gurús de la enseñanza y el conocimiento. A la par de ese hecho, en mi mente se maquinaba la ilusión de, algún día, ser como ellos: la guía e inspiración para nuevas generaciones hambrientas por revolucionar este agitado mundo.

Uno imaginaba los escenarios futuros y se veía justo en el frente del amplio salón, emulando a los ejemplos de los años mozos, emulando a Cornelio, Elizabeth, Óscar David o Yessica.

Siempre fue un sueño sentarse en un escritorio, moverse con efusividad frente a un grupo de alumnos y llenar de garabatos el pizarrón, sólo para después borrarlo por completo y alentar a que las jóvenes cabezas que no creyeran todo lo que se les decía, sino que reinventaran esta realidad en la que nos situamos, llena de desigualdad o injusticia, de impunidad.

Justo hoy, cuando abro los ojos luego de ese sueño, y entiendo que hay frente a mí una enorme responsabilidad como la de enseñar a jóvenes a ser mejores, recuerdo mucho esos rostros antes mencionados y trato de replicar lo que ellos en mí, motivaron.

Y es a esas figuras a las que apelo para confiar en que, educar -o reeducar- a mis alumnas y alumnos, sí puede ser la llave para abrir ese cerrojo que nos lleve a una puerta de mayor lucidez, a un mundo que no sólo se nutra de aquello que ya conocemos, sino de nuevas ideas y pasiones que cambien las condiciones para quienes vendrán después de nosotros y para quienes estarán después de ellos.  

Es necesario, entonces, cambiar esa programación individual y que a partir de ello, se logre una mejora colectiva. Es de suma importancia avanzar de la mano y ser una figura que lidere, pero también un peón que labre y trabaje el terreno, es vital para reeducar a nuestros jóvenes, que se les hable de sueños, de metas, de responsabilidades y respeto, de lealtad y de todos esos valores que son tan importantes hoy en día.

Pero, también es justo y necesario hablarles de rebelión, de esperanza, de fe, de cómo sus ideas pueden cambiar este mundo y hacerlo un lugar mejor para ellos mismos y para quienes no han tenido las oportunidades que unos sí poseen.

Es elemental que uno como docente, entienda que no se puede tirar la toalla porque sería eso un gesto egoísta ante la responsabilidad y misión nuestra en la vida. Sería egoísta asumir que, por causa de un mal rato o llamadas de atención excesivas, los futuros líderes y mentores de esta sociedad, deban perderse de la oportunidad de contar con nuestra luz compartida, emulando a Prometeo quien llevó el fuego a la humanidad, aún a costa de la ira de los Dioses del Olimpo.
Es una tarea larga y valiosa, sembrar la semilla del futuro radiante, en las niñas y niños, mujeres y hombres, que van a borrar fronteras y brechas entre los olvidados y los privilegiados. Es tarea nuestra motivar a que los futuros profesionistas de esta patria y este mundo, diseñen una vida nueva basada en los principios de libertad, equidad y progreso, pues estos tres pilares nos podrían colocar ante una única oportunidad de ser aquello que hemos añorado durante generaciones.

¡Hasta el próximo martes!

Postdata: Mi gratitud para los tres mosqueteros que lunes y miércoles me sacan una o varias risas y que, son la motivación para salir de la cama e intentar hacer de este mundo, algo mejor.