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La República se bambolea

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OPINIÓN

La constitución romana estableció el régimen republicano con elementos que recogió la moderna ciencia política: pesos y contrapesos, se podía ejercer el veto, existía la censura, la opinión pública jugaba un papel de control e información, gobernantes y gobernados eran iguales en el plano jurídico, las tradiciones jugaban un papel democratizador. A partir de la república romana los sistemas políticos giran alrededor de monarquías o repúblicas. 

El contenido republicano o monárquico lo fijan las Constituciones. Las notas esenciales de las repúblicas son que el jefe de Estado ejerce el poder por una elección; la sustitución deriva también de un proceso electoral; el sufragio es periódico, por lo que las cabezas deben ser sustituidas y no hay cargos vitalicios. Pero existen otros elementos republicanos: la relación de igualdad entre gobernantes y gobernados, el respeto mutuo, la confianza recíproca, la buena fe y el apego a la ley. Los funcionarios son servidores, gestores, facilitadores. El gobernante es alguien del pueblo electo por sus cualidades. Ni divinidades, ni seres privilegiados. En las repúblicas se respeta al presidente, porque encarna el poder popular y éste se debe al pueblo, que ejerce el poder supremo. Cuando la confianza se pierde el respeto bambolea.
La república romana entró en una fase de descomposición por la corrupción que inundó la vida social, política y económica. La élite era el grupo dominante y la república se convirtió en oligárquica y aristocrática. Al final de la república romana, la clase más rica imponía sus condiciones y decidía quién y cómo debería gobernarse. El conflicto entre los ricos y las masas proletarias produjo la caída de la república romana.
México es república salvo los dos episodios imperiales fallidos: Agustín de Iturbide (1822-1823) y Maximiliano de Habsburgo (1864-1867). Ahora nuestra república se bambolea. Cuando parecía que la crisis del gobierno amainaba, tal vez por fatiga de los opositores, cuando se avizoraban aires menos enrarecidos para la república, la clase gobernante, desde las alturas del poder no ve, no quiere, no puede, no sabe, no le interesa acortar la distancia que la separa del pueblo.
La medianía republicana a la que aludía Benito Juárez es desconocida para los actuales próceres republicanos. Ofrecen lamentables espectáculos de mal gusto y derroche que el pueblo mira con desprecio. Pareciera una inacabable competencia de tonterías.
Igual irritan las casas mal habidas donde habitan los que gobiernan, por encima de los ingresos que perciben, como que la familia del Presidente se luzca por Rodeo Drive en Beverly Hills, uno de los lugares más ricos del mundo, o que el secretario de Hacienda y su familia, de vacaciones, irrumpan con helicópteros oficiales en la Sierra Tarahumara, uno de los lugares más pobres del mundo. Más reprobable todavía es el espectáculo del subsecretario Ernesto Nemer de Sedesol, que destella sus relojes millonarios cuando su función sustantiva sería trabajar con y para los más pobres.
Por si fuera poco, ahora resulta, según lo escribió Ricardo Raphael la semana pasada, que el ex embajador Medina Mora, el cuestionado ministro de la Suprema Corte, dejó su cargo en Washington, pero no así su esposa que ahora trabaja en la sección consular de la embajada.
Tal vez sea formalmente impecable la contratación de Laura de Guadalupe Pérez Vázquez, esposa del ministro Medina, pero ¿dónde queda la independencia judicial? Si la razón es de orden económico, ¿sabrá el ministro cuánto va a ganar en la Corte? Tal vez si se lo informan ya no necesitaría que su esposa siga trabajando.
No lo hubieran hecho peor los romanos, cuando sucumbió moralmente su República.
Twitter: @MarioMelgarA