Los vicios de la conducta humana, aquellos actos cuyo único fin es encontrar el beneficio personal a costa de lo que sea, aún hiriendo física o emocionalmente a otras personas, estas perversiones de lo moralmente aceptado las podemos encontrar en todos los tiempos, en todos los estratos sociales, en todos los lugares, inclusive en los más inimaginables, tal vez puede haberlos en nuestras propias familias; basta abrir los ojos a la realidad y no dejarnos llevar por los sentimientos que todo lo justifican, y nos daremos cuenta que siempre estaremos en medio de una lucha de contrarios, una lucha entre lo aceptado y lo rechazado socialmente, una lucha entre el bien y el mal.
Dice un refrán popular que “el que no tranza no avanza”, entendido el concepto de “tranzar” en su acepción negativa, no de negociar, sino de aprovecharse del error de los demás para utilizar en su beneficio todos los recurso habidos a su alrededor, no tomando en cuenta si con esa acción dolosa provocará algún tipo de quebranto a la persona a la que se le está engañando; en nuestras legislaciones penales a esto se le llama acción fraudulenta.
Nuestro contorno frecuentemente se ve invadido por gente que solo se levanta pidiendo al cielo que ese día se encuentre con alguien un poco más tonto que él; pero en esta filosofía de vida simplemente se refleja el espíritu “fregativo” de muchas personas que de mala fe esperan el momento oportuno para ponerle zancadillas a los demás y con ello obtener para sí algún beneficio o recompensa.
Lo lamentable de esas acciones fraudulentas es que por lo general se observan en personas que se supone tienen como obligación y responsabilidad el cuidar de nuestros intereses, y si no, solo démosle su valor intrínseco a la expresión acreditada al Profesor Carlos Hank González (qepd), quien citaba que “un político pobre es un pobre político”, creo que sin mayor explicación queda más que entendido el panorama moral de ese axioma político.
Adagio que por desgracia es lo que motiva a muchos líderes para sacrificarse con la representación de las multitudes, pues ya saben que siempre habrá una recompensa a esas noches de desvelo; es patético darse cuenta que el apoyo a algún candidato ya no es por su trayectoria limpia o por sus méritos en la administración, ahora el apoyo se vende al mejor postor: ¿Qué me ofreces a cambio de mover a la gente a tu favor?; ¡el apoyo se ha prostituido!
Las tranzas de los gobernantes “del pasado” se olvidan con el carpetazo, o se negocian con el billetazo, ¿Cuántos asuntos pendientes se han quedado en el olvido?, muchos, sí, muchos que en su momento solo sirvieron para presionar políticamente a algún protagonista que había que hacer que declinara; logrado el objetivo, lo aguerrido del asunto se fue al canal del olvido.
Cada día que pasa nos hace nos sentimos más y más engañados por nuestros representantes, quienes desde el momento mismo en que empiezan su cándido, gentil e inocente proceso de engaño, ya empiezan a usar frases como aquellas de “voy a dar todo por ti”, “empecemos un nuevo camino”, “corrijamos el rumbo, y otras linduras del mismo nivel de engaño; ya me imagino las frases que los candidatos se dirán en corto entre sus hombres de confianza: ¡Tu promete y ya veremos después si cumplimos!.
Otro tipo de engaños los vemos en los que ya lograron algún cargo de elección popular, aquellos que buscaron afanosamente un cargo de representación a través del voto, y a la hora de la verdad, simplemente resultan unos auténticos convidados de piedra, pues su gestión, si es que la hay, resulta ser totalmente estéril y desconocida.
Estos engaños, bien que mal los podemos ponderar y en su oportunidad hasta castigar en el momento legal que para tal efecto nos hemos otorgado a través del ejercicio de voto, por lo que todos aquellos, (por fortuna también hay políticos honestos, búsquele y verá que si los encontrará) que pretendan jugar con los intereses de sus representados deberán tener mucho cuidado con la limpieza de sus manos, pues la sociedad ya se cansó de tanta tranza y se aprecia que ya no está dispuesta a seguir siendo el juguete de los caprichos de sus líderes.
Como ciudadanos, es nuestra obligación y más que eso, una necesidad social, el conducirnos dentro de los cánones de la honestidad, pues sólo ésta nos permitirá una convivencia que no nos lleve a estar cuidándonos los unos de los otros, más bien, la premisa deberá ser “cuidarnos y ayudarnos los unos a los otros”, cualquier momento es el mejor momento para llevarlo a la práctica, no desaprovechemos la oportunidad de ganar más amigos, ello es mucho mejor que engañar a los amigos.
Lic. Miguel Rosales Pérez