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La locura de la política

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HOMO POLITICUS

Con singular horror, la política ha perdido todo cauce y credibilidad, el Estado se impone por la violencia y los controles jurídicos, pero de poco o nada sirven, la civilización se ha convertido en una marea inercial, se transita porque no queda de otra, se piensa sólo lo necesario y las ideas son precarias y pobres.

 

 

Lejos están los debates de la conciencia social frente al Estado; al perderse el rol histórico de la sociedad, parece haberse sepultado el encauzamiento de la ideología, los años donde la política era la política, hoy sólo la enclaustran en una locura.

 

El Estado es un manicomio político, una realidad paralela donde la ciudadanía no desea estar; solo la clase política que privilegia sus granjerías y prebendas se frota las manos tratando de convencer a los ripiosos del vulgo, que “ahora sí”, les van a cumplir, que las cosas van a cambiar y que las voz del pueblo será la voz de la clase política.

 

En este afán desesperado, “que desesperado es un decir”; los candidatos tras el escaños proponen y proponen, pero su imaginación es limitada, por lo que cada promesa se ha convertido en la “quimera del oro”, existe una fiebre ensordecedora sobre la propuesta, la cual es famélica, mientras algunos ciudadanos, no todos, recuerdan las décadas de inconcreción de la clase política, recuerdan los sinsabores de las carencias.

 

Sin embargo, la estela de los pusilánimes sigue presente; pocos se atreven a levantar la voz y hacer de la denuncia pabellón, todo y nada es lo mismos, las promesas no tienen honor, se pierden una vez llegado al escaño, se pierden desde su origen porque nadie cree en ellas, son solo bruma, estela de pus y pobreza abierta.

 

Así se transita en la locura de la política, ¿a quién convencen las propuestas?, ¿no es acaso el proceso electoral un festín orgiástico, de unos cuantos que se acompañan para repartirse a la postre el pastel?, ¿quién puede hablar de que el ejercicio de gobierno es para dignificar al tejido social?

 

Observe a la gente común, mire a los que menos tienen, hable con los de abajo y, descubrirá que el manicomio político amenaza con quebrantar el espíritu humano.