Home Nuestra Palabra Prisciliano Gutiérrez LA JUSTICIA Y LA CULPA (ENTRE VERDADES, MENTIRAS Y MEDIAS VERDADES).

LA JUSTICIA Y LA CULPA (ENTRE VERDADES, MENTIRAS Y MEDIAS VERDADES).

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“En este mundo traidor

nada es verdad ni mentira

todo es según el color

del cristal con que se mira”.

Ley Campoamor.

 

A más de un siglo de distancia el célebre cuarteto del poeta español Ramón de Campoamor, conserva valor de Ley entre sus seguidores. Se usa a modo de metáfora, de recurso retórico para decir a alguien que su interpretación de un hecho, de un reglamento o de una disposición legal esta sesgada, distorsionada, desprovista de objetividad. Es claro y hasta tautológico, que cuando se utiliza el arbitrio por encima de la ley, se comete una arbitrariedad. La Ley Campoamor, es hija de la Literatura, no de la Legislatura; una pesimista pero bella manera de expresar que ningún valor es inmutable y que el subjetivismo, la conveniencia y la relatividad rigen todas las facetas de nuestro mundo, al cual el poeta califica de traidor a la verdad y a la justicia.

 

Goebbels el célebre Ministro de propaganda nazi decía que una mentira que se repite mil veces termina por ser verdad. Me atrevo a complementarlo: una verdad que se niega mil veces termina por ser mentira.

 

El conocimiento, por medio de la Lógica y de la Epistemología es uno de los problemas básicos de la Filosofía. Otro se preocupa por El Ser y se vale de disciplinas como la Ontología y la Metafísica. Finalmente todos los estudiosos coinciden en que ningún sistema está completo si no conduce a estudiar el Deber Ser, por medio de la Axiología y de la Ética.

 

Cuando en un Estado de Derecho, se cometen crímenes que rayan en el genocidio, los medios y algunos sectores de la opinión pública a nivel local, nacional e internacional se inquietan de tal manera que, con la bandera de la verdad como valor supremo, exigen aplicar la justicia hasta sus últimas consecuencias “caiga quien caiga”. Lo más cómodo, en estos casos es arrojar la responsabilidad a los órganos del Estado Federal (exculpando tácitamente a los órdenes local y municipal) en una defensa a ultranza de los Derechos Humanos, no exenta de carga política. La ley Campoamor se aplica literalmente: verdades, mentiras y medias verdades se miran, se observan y se pintan con los diferentes matices del caleidoscopio que permite su percepción y conceptualización distorsionadas.

 

La palabra verdad es exageradamente polisémica. Su gama de significados es tan variable como el contexto que la contiene. Lo mismo existe en la ciencia, metodológicamente fundamentada, que la “verdad de Dios”, blasfema invocación que pone a un ente terrible y castigador, como testigo de que, quien jura, debe ser creído sin pruebas, como dogma de fe.

 

En su acepción más común, el Diccionario de la RAE define la verdad como la correspondencia de las cosas con la idea que se tiene de ellas. Dicho así, parece simple, pero el mínimo análisis destruye tal definición; por ejemplo, la idea que todos tenemos del movimiento solar, es que el Astro Rey sale por el oriente y se oculta por el occidente; puntos cardinales de una tierra inmóvil. Destruir este engaño de los sentidos, costó la vida a Galileo Galilei, en la hoguera de la Santa Inquisición.

 

El problema del conocimiento confrontó y confronta a los filósofos de todos los tiempos. Unos, los empiristas afirman, con John Locke, que: “Nada hay en el entendimiento que no haya pasado antes por los sentidos”. Otros, los racionalistas, replican, con Leibniz: “Efectivamente, nada hay en el entendimiento que no haya pasado antes por los sentidos, excepto el entendimiento mismo”. La razón, decía, es como una tabla de cera en blanco (tábula raza), en la cual la experiencia va dejando sus huellas.

 

Lo anterior, aparentemente es Metafísica, ejercicio teórico alejado de la realidad, sin embargo no es así. Su objetivo es crear conciencia de lo difícil que es llegar al conocimiento pleno, por medio de la razón, de la experiencia, o de ambas. Los agnósticos creemos que es imposible afirmar o negar algo categóricamente (por ejemplo, la existencia de Dios). A lo más que podemos aspirar es a formarnos una OPINIÓN.

 

La Criminología como ciencia interdisciplinaria, requiere de la concurrencia de otras para avanzar en el esclarecimiento de los fenómenos que constituyen su objeto de estudio: la Medicina, la Química, la Física, la Antropología, la Psicología, la Criminalística y otras. Aún así, todo dictamen o peritaje, aunque lo realicen auténticos especialistas, no deja de ser una opinión, a la que otra puede refutar. Solamente una resolución judicial le otorgará el rango de verdad jurídica.

 

La chusma, sedienta de sangre, sólo cree a quien le dice lo que quiere escuchar; ansía mirar como ruedan cabezas. Cuando se navega con bandera de experto, es fácil inducir al linchamiento colectivo. Para las víctimas, aunque tengan culpa, siempre aplica la presunción de inocencia. Generalmente los muertos y desaparecidos son carne de cañón. La mano que mece la cuna se mantiene oculta e impune, aunque deje la cola de fuera, como cualquier gato escondido.

 

Nuestro país cuenta con hombres y mujeres valiosos que cumplen sus responsabilidades como servidores públicos con gran profesionalismo y sentido de la Ética. No se vale ensuciar sólidas reputaciones por la discutible opinión de “expertos”, que se sabe parcial y sesgada de origen. Todo peritaje, repito es opinión. La facultad de los jueces es informarse, valorar pruebas y decidir para, finalmente, emitir una sentencia que, guste o no guste a todos, será COSA JUZGADA.15.