Sordos y ciegos, esas son las consecuencias propias del frenético fanatismo que enloquece a los que tienen un cargo político, se sienten iluminados, se consideran muy por encima del resto de los mortales, piensan que solo su palabra tiene valor y nada ni nadie entiende el profundo sentido de sus conceptos sobre la filosofía del poder; según sus más recientes actos, creen que están para guiar al resto de las inocentes ovejitas que el Gran Arquitecto del Universo les ha puesto en el camino.
Pero esa alucinación no les permite ver más allá de su nariz, esa obnubilación mental no les permite escuchar el verdadero reclamo de las mayorías con síndrome de minorías; y todo transcurre tranquilo en apariencia, pues a su modo de ver, todo lo tienen bajo control y nadie se atreverá a levantar la cara para reclamárselos.
Pero nuestros políticos de café, aquellos que ayer se ufanaban del desaire y ninguneo a un poder emanado de la voluntad popular, se olvidan de algo muy importante y que los hará perder mucho más de lo que ellos creen ganar, y es que han borrado de su memoria que representan a la Nación y no a los Partidos Políticos.
Toda la caterva política, apoltronados en sus respectivos cubiles, están siguiendo la misma estrategia: evadir el intercambio de opiniones; se esconden debajo de la curul de la mediocridad, y cuando se sienten vulnerados en su debilidad, salen con la careta del “no hay condiciones para el diálogo”; más bien es no tener la intención de escuchar más allá de sus propios intereses sectorariales.
A través de la historia se nos ha enseñado que debemos recordar a los héroes que nos dieron independencia y libertad, elementos fundamentales para vivir en democracia; conceptos que nos hacen recordar que los tiempos de la opresión no deben presentarse nunca jamás, pues muchos mexicanos dieron su vida por esa causa, pero… ¿que acaso la Partidocracia no son una forma de opresión?
Tal y como ahora se conducen los Partidos Políticos han asumido un papel de órganos de opresión social, en donde esa anhelada libertad y derechos ciudadanos están acotados y a veces hasta truncados por los propios partidos que supuestamente representa a los sectores sociales; pues inexcusablemente ahí, en los institutos políticos que es en donde se supone debe darse en todo su esplendor la democracia es precisamente en donde menos se percibe ese viejo anhelo.
Todo controlado por las cúpulas del poder, al ciudadano solo se le ha otorgado el derecho de hacer acto de presencia para aplaudir los planes de trabajo previamente planchados, y después, las cúpulas partidistas presentarán ostentosamente como si “toda” la militancia hubiese aprobado dichos programas, la democracia dirigida y controlada no es de ninguna manera democracia; pero se justifican al “sentir” que el ciudadano no ve, no oye, no entiende, cuando el verdadero sordo y ciego es el propio políticos; las seudo consultas solo sirven para legitimar las imposiciones.
En la política contemporánea, todo se degrada, todo se prostituye; toda nueva ley hoy día lleva una alta dosis de presunción de que fue negociada y por ello la sentimos alejada de los principios y necesidades básicas de la sociedad; olvido que causa vergüenza, pues la sociedad que debe ser el fin, solo ha sido utilizada como el medio.
Nos pasmamos de cada acto de Nicolás Maduro por su tendencia al absolutismo, lo mismo decimos de Castro cuando queremos señalar lo negativo de un gobierno antidemocrático, pero no nos damos cuenta que en México estamos hundiéndonos en el mismo espiral del error.
La mejor amiga de la ignorancia es la televisión; la mejor amiga de la demagogia…es la ignorancia
Las palabras se las lleva el viento pero mi pensamiento escrito está.
- D. MIGUEL:.ROSALES:.PÉREZ:.