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La ideología del Estado Islámico

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El Islam es la segunda religión con más adeptos en el mundo, 1,200 millones aproximadamente, que se extiende por 56 países, desde el norte de África hasta el sudeste asiático con minorías considerables en Europa y Estados Unidos.

Su impacto ha sido muy importante en las relaciones internacionales, tanto históricamente como en nuestros días. Sin embargo, el conocimiento de esa fe se limita hoy a las actividades de una minoría radical extremista. El Islam se ostenta como una religión de paz, por lo que resulta incompresible la aberrante barbarie con la que las agrupaciones terroristas actúan en su nombre.
El Islam es producto de un sincretismo religioso: el judaísmo y el cristianismo, y así como en ellas se han producido cismas, esa creencia también ha registrado rupturas. Dos sectas principales, la Chiita, cuyo nombre significa “los seguidores de Ali” y la Sunita, “sistema doctrinal que se asienta en las tradiciones” dividen al mundo musulmán y si bien ambas comparten las principales creencias y ritos, innumerables conflictos y tensiones las han confrontado por siglos. En cada una de las ramas del Islam coexisten sectas moderadas y fundamentalistas.
En el contexto suni-chiita el acontecimiento más importante del siglo XX fue sin duda la revolución iraní, por su impacto en las comunidades sunitas pues dejó claro que una revolución islámica podía surgir en cualquier país musulmán.
Si bien no todos los movimientos radicales inspirados en la yihad comparten la misma ideología, la mayoría de ellos se alimentan del wahabismo, corriente sunita del Islam fundada a partir de las enseñanzas de Muhamed Ibn Adb al-Wahab (1703-1792), que preconiza dos principios fundamentales: la defensa a ultranza de una visión integral del Islam y el proselitismo guerrero o sea la yihad para imponerlo.
Estos son aparentemente los principios que sustentan la ideología sunita del Estado Islámico, que de igual manera ha tratado de incorporar en su lucha diversas corrientes del Islam político, desde la “yihad” defensiva contra la invasión extranjera, como en el caso de Afganistán, hasta el extremismo del movimiento Talibán. Paradójicamente, esa organización, que no se caracteriza por la tolerancia, ha rechazado cualquier vinculación con el EI por considerar que sus métodos son demasiado sanguinarios.
Algunos especialistas identifican al salafismo como la ideología que ha inspirado al EI por ser una corriente internacionalista que propugna por la instauración de un orden universal que recupere la esencia del Islam, que considera hoy corrompida. Toda vez que el salafismo es la corriente más ligada al yahidismo los líderes del EI intentan hacerla propia para justificar su intención de establecer un califato que unifique a todo el Islam bajo la aplicación estricta de la Charía. Los ulemas y otras autoridades religiosas del mundo musulmán se han deslindado de la posición ideológica del Estado Islámico por lo que debe considerarse que la ideología sui generis de esa entidad no obedece a un movimiento religioso per-se, sino a designios hegemónicos muy particulares.
La región del Medio Oriente se ve inmersa en una guerra civil inédita pues ha enfrentado no sólo a las dos grandes corrientes del Islam, sino que ha desatado una guerra sin cuartel entre dos facciones del sunismo: el Estado Islámico y los sunitas y chiitas, quienes juntos se proponen destruirlo.