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La explosión 

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La explosión 

RELATOS DE VIDA

Jazmín no es de las personas que exploten con facilidad, tiene la mala costumbre de ir acumulando cada una de las situaciones que le desagradan, molestan o lastiman, con el propósito, según ella, de no estar peleando con aquellas personas que la logran desestabilizar.

Llevaba más de dos meses acumulando sentimientos, emociones y vibras negativas, y no se había dado la oportunidad de liberar ese cúmulo con las simples terapias que le habían aconsejado, desde gritar utilizando una almohada o llorar hasta quedar cansada y dormir tranquilamente, lo que al final cobró factura.

Ese día debía ir temprano a trabajar, y desafortunadamente para ella, se topó con un colega que llevaba tiempo molestándola con chismes e indirectas, sabía que si escuchaba algún comentario malintencionado no soportaría y dejaría salir todo lo que no había podido desahogar.

Como si lo hubiera decretado, aquella persona no grata, comenzó a observarla fijamente con gestos despectivos, para después soltar sonrisas burlonas, repitiendo la dinámica en diferentes ocasiones, y sabía que no soportaría esa incomodidad por más tiempo.

Comenzó a sentir cómo la sangre le hervía, apretaba la mandíbula y las manos, sentía claramente cómo el calor se le subía a la cabeza, y mientras eso pasaba, observaba detenidamente al colega que disfrutaba de sacarla de sus casillas.

Se concentró tanto en el rostro del contrincante, en el odio, rencor y en la ira que sentía hacia él, que no veía ni escuchaba lo que pasaba a su alrededor, cargó todos los pensamientos y emociones en ese ser que la lastimaba, que simplemente provocó que la cabeza del antagonista explotara y en seguida el resto del cuerpo se desvaneció.

La descarga le provocó tal cansancio, que se desmayó; cuando despertó, se encontraba en el hospital, el único recuerdo era la cabeza de su colega explotando; algo nerviosa preguntó qué es lo que había pasado, y la respuesta sencilla coincidió en un desmayo producto de una crisis nerviosa y exceso de tensión, y no preguntó más.

Al día siguiente, con miedo regresó al trabajo, no quería confirmar su último recuerdo, cuando vio entrar al susodicho sano y salvo, respiró y prometió no acumular vibras negativas y menos explotar la cabeza de las personas no gratas.