PIDO LA PALABRA
• Por la misma nobleza del pueblo mexicano se nos hizo creer, y así ingenuamente lo aceptamos, en la venida del cambio económico a la par del cambio político…
Desde hace algunos sexenios se nos ha venido diciendo que los cambios son para avanzar, para que los mexicanos pobres podamos tener las oportunidades que nos permitan tener una mejor calidad de vida.
Y como para refrendar la buena fe de aquellos políticos, nos han vendido frases como “México ya, el cambio que a ti te conviene”, o también, “Que el poder sirva a la gente”, y en alguna ocasión “Por el bien de todo, primero los pobres”; derivado de esos conceptos, que a veces se toman como dogma de fe, es que los mexicanos hemos consentido posiciones políticas que, sin estar totalmente de acuerdo con ellas, nos anima la posibilidad de que las expectativas pretendidas “ahora sí se cumplan”; el caso es que en la mayoría de las veces, dichas expectativas nunca se materializan y terminamos por darnos de golpes en la pared, lamentándonos del engaño al que fuimos sometidos.
Por la misma nobleza del pueblo mexicano se nos hizo creer, y así ingenuamente lo aceptamos, en la venida del cambio económico a la par del cambio político, y por esa candidez, nos tuvimos que chutar seis años de frivolidad en un esquema presidencial sin pies ni cabeza, el pueblo terminó más pobre y la oligarquía privilegiada se hizo más rica.
Así nos vendieron a un presidente del empleo, mismo que terminó su sexenio con un lamentable incremento en la delincuencia y con miles de muertos en sus espaldas, sin haber logrado cumplir el compromiso que lo llevó a la presidencia, o bien, compramos el carisma de un copete que hoy se pasea con nuestro dinero y, según se ve, sin ninguna posibilidad de que ese copete sea despeinado, amparándose en la impunidad de la falta de voluntad política.
Regresamos al pasado y vinculándolo al presente, nos damos cuenta que la inercia de la promesa no cambió, pues se prometió que las reformas, la laboral, la energética y la fiscal, traerían beneficios a los mexicanos; y nuevamente, tal vez no nos quedó de otra, activamos a manera de autodefensa, la tendencia cómoda de creer en los compromisos; ya estamos dándonos de topes, pues nadie quiere, por ejemplo, entrarle al problema del outsourcing, y a muchos otros asuntos de interés para el bolsillo de los mexicanos, temas que volverán a la vida en momentos electorales propicios para su causa; al final, si no se cumple, se buscarán mil y un pretextos para justificar dicho incumplimiento.
La burra no era arisca, así la hicieron los palos, y los mexicanos ya hemos recibido muchos palos a lo largo de nuestra historia, y ningún paliativo a la desgracia; baste ver la cara de desesperación en la gente que día con día trata de estirar los pocos pesos que gana, para llevar algo de comer a sus hijos; basta darse cuenta los platillos que las amas de casa inventan con los pocos pesos que el proveedor del dinero les pudo llevar, caldo de cabezas de pescado, sopa de papas, tortillas, chile, y no alcanza para más; alguien decía en una frase que escuché en algún lado que “el populismo ama tanto a los pobres, que los reproduce”.
Hoy se nos dice que se acaba de descubrir el mayor yacimiento de petróleo en México; debemos acaso entender que queremos nuevamente vivir de esa vieja estrategia de una economía petrolizada; esa historia ya la usó JoLoPo y nos hundió aún más en el caos y la pobreza; de la historia se debe aprender.
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.